martes, 12 de julio de 2011

Sobre mi... regresando

En mi época tonta, una de esas terribles epocas que ocurren en la vida, me vi envuelto en una situación extraña: Había encontrado la persona ideal, el ser humano perfecto (incluyendo en estatura) había visto la alegría que llevaba mucho tiempo buscando y estaba fascinado con ella.
Almuerzos expontaneos, citas repentinas, largas tardes conversando y bebiendo cocteles en un mundo creado para dos personas. Era feliz y sentía que estaba haciendo feliz a alguien. De la nada él quiso irse y como siempre, yo dejé que se fuera aun cuando yo lo que quería era habitar su misma piel; con la incertidumbre de mis tardes solitarias y con el miedo de no poder volver a almorzar o a beber cocteles si él no estaba a mi lado.
Ahhh pero olvidaba un tercer personaje en esta historia. Él era alguien al margen de mi historia, pero presente, tan presente que fue la tabla de salvación para no enloquecer en aquellos días… pero con el fatal desenlace de un sentimiento en su pecho, cuando en el mio yo solo tenía un vacio enorme.
No mentí, nunca prometí nada, no dije palabras bonitas porque todas las había entregado ya a alguien que no las quiso, pero aun así me sentía culpable de haber sembrado sin querer sentimiento, de haber impulsado sin querer su corazón en una loca e infructuosa carrera para conquistar el mio… entonces en sus palabras de amor y en sus acciones hermosas me vi a mi mismo.
Ahí estaba yo, semanas atrás, ofreciendole lo poco y nada que tenía en mis manos a alguien que no lo quería, con la diferencia que yo no había tenido los huevos para decirle a esa persona “Aquí estoy y me estoy ofreciendo con el corazón desnudo”, él si me lo estaba diciendo, me lo estaba gritando a la cara con los ojos llenos de lágrimas y no pude entender por qué mi corazón pedía algo a alguien pero se negaba a recibirlo de otra persona…. ¿yo era malo? ¿ya estaba tan dañado que solamente podía recibir lo que quería de quien lo quería y no podía ver lo que generosamente se me ofrecía?
Este segmento de una historia acaba aquí, en medio de la nada, con todo a la mano pero con miedo de tomarlo; Este segmento de la historia acaba aquí, porque muchas veces han sido mas interesantes los cuestionamientos que me surgen en la vida que las soluciones que he dado a ellos. Este segmento de historia acaba aquí porque quizas éramos dos personas viviendo nuestras propias tormentas y nadie sabe cómo acabarán las tormentas.


Un beso a mi hermosa cubana... por sacarme de mi encierro.

martes, 5 de octubre de 2010

Sobre asaltos... de los peores.

Los asaltos son, en cierta medida, imprevisibles.

Un derrumbe colosal de ideas, de conceptos, de sentimientos. Todo se mezcla y en el medio nosotros, pobres cristianos, simples víctimas de las circunstancias.

Claro, como todo puede estar peor, podemos decir que el asaltante sea un recuerdo. Un viejo, enmohecido y lejano recuerdo que creímos tirado para siempre pero que simplemente había sido barrido por debajo de la alfombra.

A quién, en el momento más inapropiado y bajo la más patética luz amarilla, no se le llegado de repente la imagen de algo perdido, algo olvidado, una caminata, un atardecer lluvioso o una carta escrita, aun cuando la manía de escribir poco a poco se ha ido perdiendo.

Deberían condenarse como los peores, los asaltos de la memoria.

Los recuerdos llegan, golpean, destrozan y se van tan tranquilamente; que puedo dar fe que son los peores criminales que he conocido: nunca pagaran por su delito.

Sí, es la verdad, también los hay hermosos. Recuerdos bellos que te alegran el alma y te brindan un poco de paz. ¡Ja! También ellos, te lo puedo asegurar, cambiarán de rostro con el pasar del tiempo; también los hermosos recuerdos algún día hacer llorar.

Vaya mierda de texto me ha salido hoy. Quizás es la estúpida lámpara de luz amarilla que ahora mismo tengo en mi cabeza, o el día gris y lluvioso que me regala la Bogotá de estos días.

Yo que sé… simplemente dentro de todos los asaltos de la memoria, recordé que tengo un blog… uno que siempre me espera…uno al que siempre vuelvo.

miércoles, 16 de junio de 2010

Sobre mi opinion...no apta para taurófilos.

Un día me senté a mirarlos… contuve el aliento y las ganas de vomitar y me dispuse a perder unos minutos de valioso tiempo mirando la escena medieval que se observaba en mi televisor.
El asesino hermosamente ataviado, con traje y ademanes maricamente antiguos; la victima sin la más puta idea de dónde estaba… como casi todas las víctimas.
Sangre, dolor y muerte. Es lo que más atormenta al mundo de hoy y curiosamente se sigue considerando un deporte… de gente ilustrada, ¡lo cual es peor!
El pasado sábado un novillero se negó a matar un toro. Lo llevaron preso (increíblemente) por no haber cumplido su sádica encomienda y le cobraron una multa para dejarlo libre. Su único argumento fue que había tenido miedo. ¡Miedo!
Hay que tener un par de huevos bien puestos en ese traje brillante para decirle a un montón de enajenados deseosos de sangre que se tiene miedo del animal.
Sí, porque habríamos de tenerle miedo al animal.
¡Ya quisiera ver si hacen lo mismo con un animal completamente sano, alimentado y salvaje!... a esos si no tendrían los huevos para parársele de frente con un trapo a hacerle señas; un animal sano si les metería los cuernos culo arriba para ver si es muy bonito que te perforen en frente de otra gente gritando de alegría.
Si, para mí el novillero miedoso sí es un valiente… hay que ser valiente para meterse la mano al bolsillo y pagar una multa por hacer el bien. Hay que ser muy valiente para tomar una decisión a pesar que toda una horda de gusanos sedientos de sangre te llame marica miedoso. Hay que ser muy valiente para, aunque sea por miedo, escoger la vida y no la muerte.
Odio sobremanera el maltrato a los toros. Odio sobremanera los toreros floripondios que demuestran su hombría acosando hasta la muerte un animal que no pidió estar ahí. Odio sobre manera aquellos que detrás de la barrera, admiten, permite, fomentan y disfrutan la masacre, la tortura, la muerte.
Convoco a todos aquellos que tildan de miedoso al novillero miedoso, a que hagan algo más notable, qué se yo, pescar solo con red tiburones en el atlántico o enfrentarse a un tigre de Bengala con un libro religioso y mucha fe como armas. Eso sí sería notable… eso si sería diferente.
Un día me senté a mirarlos… contuve el aliento y las ganas de vomitar y me dispuse a perder unos minutos de valioso tiempo… Fue solo una gran pérdida de tiempo… Fue una muy triste y horrorosa pérdida de tiempo.

viernes, 4 de junio de 2010

Sobre el regreso... el feliz regreso.

Tres noches sin dormir, litros y litros de café que dejarían en coma a un mamífero mas grande que yo, huellas en los dedos y trabajos en cartón que son el resultado final de todo lo anterior.
Un día, hace mucho tiempo, no sabía qué camino tomar.
Me refiero, a que hace unas mañanas me levanté, salí de mi casa apurado después de darme el lujo de darme “cinco minutitos más” antes de ir a la ducha, lo que desencadenó una serie de retrasos mortales, cuando de repente mi parada de autobús estaba cerrada. Que digo cerrada… una malla de tela verde había separado completamente mi calle de la calle del frente. Oficialmente había viajado en el tiempo y en el espacio y era parte de un mundo dividido por un muro.
¿Dónde se toma el autobús cuando no hay calles para esperarlos?
Una llovizna leve, rara entonces, cotidiana ahora, me estaba arruinando veinte mil pesos en papel especial y una sensación de estar perdido que, como siempre, llego con un enorme deseo de llorar. Ese era yo, volviendo al pasado, en una Bogotá desconocida y sin saber a dónde caminar, hacia dónde ir… dónde esperar el autobús.
Llegue a clase dos horas tarde, con el papel hecho una miseria, a la clase de un profesor que no habría de llegar.
Ahora no llego tarde. Ahora se me ha hecho familiar el camino de seis cuadras para tomar el autobús que antes pasaba por la esquina. Ahora sé qué camino tomar.
Después de un largo periodo, las vacaciones han llegado, back in bussiness, un semestre más, ocho restantes, una larga vida por diseñar y muchos trasnochos por venir… pero por ahora soy libre, a retomar viejos hábitos, a recorrer territorios conocidos, a ver viejos amigos a quienes contarles que por fin, las vacaciones han llegado.

viernes, 16 de abril de 2010

Sobre mi cotidianidad

Primero que nada déjame aclararte que no es olvido, siempre lo digo; es que el tiempo lo perdí de golpe y aquellos días en los que solía ser dueño de mis actos ha pasado. Ahora es la arquitectura quien me traza el sendero… ¡Y quién soy yo para contradecirla!
Me levanto cuando aun es de noche, antes era más fácil, me levantaba con el ánimo de quien está en la costa y quiere visitar el mar, pero es que el clima me ha mostrado la realidad, las mejores horas de sueño siempre son aquellas donde el frio se cuela por una rendija bajo la puerta y darías cualquier reino terrenal por aquella cobija que tienes sobre el cuerpo… pero la arquitectura sigue haciéndose sentir a través de la incesante alarma de mi móvil repitiendo, gracias a un ringtone de 4000 pesos más Iva “Arquitecto, es hora de levantarse”
Las clases en general me gustan, menos Urbanismo… no sé qué pasa pero es que el urbanismo me puede, me golpea, me agobia: Calles, esquinas, pasos peatonales, todos me los imagino en la noche y con los ladrones al acecho.
Los profesores son geniales, todos, hasta el de urbanismo.
Me gusta mucho la de sistemas, es una vieja de mierda que me hace la vida a cuadritos, ¡pero es tan adorable!; entre risas y dulzura te clava un puñal en medio de la maqueta, y has de saber querido amigo, que después de horas de trabajo, duele más la maqueta que el corazón. Quisiera decirle “Bruja de los infiernos, ¿acaso no ves la cantidad de tiempo invertidos en cortar cada pedacito de cuerda y de madera?” Pero es que con tanta amabilidad… ¡Como podría tratarla mal!
Ya después voy en el bus, de regreso a casa, con la cara pegada a los cristales sucios donde se puede ver que alguien antes tuvo la cara pegada y escuchando esa odiosa música que suelen escuchar los conductores. Nunca me puedo dormir en los autobuses, siempre tengo la temible sensación de que despertaré cuando todos se hayan bajado y yo, solito, me encuentre en un estacionamiento gigante de buses moribundos viendo caer la tarde.
Nunca puedo dormir en los autobuses, ¡pero como quisiera! Envidio a aquellos que con las fauces de par en par sueñan libres de todo presentimiento y malestar. Yo nunca podré dormir en los autobuses, por lo menos no mientras viaje solo.
Llego a casa, como comida fría que preparé desde el día anterior, veo un poco de televisión y de leo algo; generalmente siempre hay algo de Urbanismo para leer, pero no lo hago, en ese momento prefiero leer a Augusto Monterroso o releer alguno de esos que sabes que tanto me gustan.
Ahora que lo pienso, hay un momento del día que si es mío, completamente mío, y es cuando le doy vueltas y más vueltas al facebook, maldita pagina que no puedo dejar de lado. Algún día dejaré el Facebook y la Coca-cola; el café no, ese lo necesito en las venas, pero si los otros dos, ¡qué odiosos me resultan!
Siempre hay algo que hacer. Siempre las madrugadas, ese tiempo que eran exclusividad de mi blog y de Oz, ahora le pertenecen a la arquitectura… Pintando un plano, un mapa, una callecita con un monacho feo que representa un humano pero que parece más un cigarrillo.
Cuando ya estoy durmiendo, a pocos minutos de tener que levantarme de nuevo, pienso en todos mis amigos, como tú, en los que no visito y a quienes les digo que mi ingratitud no es olvido, pienso en mi lejana galaxia, inquieta y sola, recriminándome a lo lejos las telarañas que se forman en sus esquinas.
Cuando ya estoy durmiendo, a pocos minutos de tener que levantarme de nuevo, pienso en aquellos amigos que me dicen que nunca trasnocharon en su carrera… entonces creo que es la arquitectura, la puta arquitectura a la que le quiero entregar mi vida entera.

sábado, 3 de abril de 2010

Sobre las cosas que pierdo

Sacudirme la pereza es lo más difícil del mundo. Y lo digo después de haber perdido una semana de vida en la cual en un estado medio vegetativo, me destiné a respirar sin más aspiraciones que las de seguir con vida.
Y es que esta lejanía de mi blog no es por otra razón que abandono total de las musas que me han hecho traición, se han ido dejándome tirado, con una mano adelante y la otra atrás, extrañando esos días en que la necesidad de escribir era tan apremiante, que con letra chueca escribía cosas en los autobuses y en los parques.
Quiero poner de excusa la universidad, pero también es cierto que me quedaría tiempo de sobra para escribir, dibujar e ir al gimnasio a perder esos kilos de más que tanto detesto. No sé sinceramente a donde se va mi tiempo; esos libros que antes leía por decenas ahora se convierten en un lujo que me niego inexplicablemente, ya no existe la avidez enorme de visitar páginas porno cada vez más agresivas y ni siquiera el sexo en vida real se cuenta dentro de mis pasiones actuales.
¿Me estaré volviendo viejo? Mierda, si es así, que vejez más aburrida me espera, alejado de lo que más me gusta por el simple hecho de perder el tiempo.
Tengo alzhéimer cronológico, mi tiempo se me está perdiendo.
Entre las tres de la tarde y las la media noche no hay más que u par de minutos inútiles que a duras penas rinden para hacer maquetas.
Quisiera saber quien me ha robado las musas, quien me ha desactivado el porno y quien le roba números a mis calendarios añadiéndole arrugas a mi cara.
Quisiera saber quien putas me está robando las ganas de hacer las cosas que más me gustan.

domingo, 17 de enero de 2010

Sobre comidas.

Con una sonrisa alejé el plato. -No puedo comerlo - dije con forzada decencia - cómo podría comer carne de conejo siendo ellos tan lindos, tan peluditos, tan orejones!- seguía argumentándome en el terrible panorama de comerse asado a Bugs Bunny o hacer un buen caldo con el amigo aquel de Winnie Pooh.
Mentía.
No podía imaginarme hincándole los dientes a semejante animal que, habiéndose despojado de su traje de alta sociedad, no era más que una miserable rata. Yo no puedo comerme a Mickey Mouse o a Stuart Little, y a estos por simple fobia.
Me descomponen los roedores, con o sin hermosos trajes, todos son ratas y verlos en mi plato no es algo que me apetezca. Me como las vacas porque tienen cara de tontas… las veo tan simplonas y sin gracia que simplemente me producen hambre.
Desde mi más tierna infancia he corrido de las ratas como una mariquita, me he subido a las mesas y he pedido auxilio. Son sencillamente terribles; una vez jugué con una serpiente, molesté un perro enorme, me tomé una foto con un tigre en un circo y cazaría cocodrilos si visitara el Nilo… pero roedores no, ¡por favor!
¿Los has visto, amado lector, con esos bigotes criminales, con sus caras macabras y ese disfraz de animalito indefenso? Pues uno de esos mordió un niño amigo de un amigo, y al niño le aplicaron inyecciones… EN EL OMBLIGO!!!
¿Que terrible alimaña, por el amor de Dios, es capaz de provocar un mal tan grande que te inyecten en tan mala parte?
No… China podrá comerse todos los ratones del mundo, pero yo no, ni ratón ni conejo ni ardilla ni nada… me rehusé entonces y me rehúso ahora.
Les temo, con el alma, con saltitos de mariquita y llanto de niña… y por lo tanto espero que la vida los mantenga alejados para siempre de mi camino… y de mi mesa.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Sobre actos de rebeldía ... por error.

A Ventura... suspirando a lo lejos.

Las paredes que alguna vez fueron blancas ya dejan ver el paso del tiempo y no precisamente por la cal roída o por los ladrillos flojos, si no por la gran cantidad de escritura rebelde que se ve en ellas. Rebeldía que solo se refleja en las paredes de la universidad porque ante el objetivo de cambio solamente surge la violencia, y nada más. Pensamiento revolucionario luego violencia y luego olvido de los ideales, como una serpiente que se muerde la cola hasta la eternidad

Pero quiero confesar que no soy el más apto para hablar de ello… yo también alguna vez hice parte de la muchedumbre huyendo de la policía.

Fue para la elección más controvertida de alcalde que se vio en el pacifico pueblo del que vengo. Tres candidatos, entre ellos el cuñado del alcalde saliente, quien al final, Oh sorpresa, ganó las elecciones.

La gente se fue a las calles, la indignación corría por entre los señores y las amas de casa quienes en las esquinas comandaban grupos pequeños discutiendo acaloradamente y de un momento a otro decidieron que el mismo pueblo contaría los votos, fuertemente custodiados en la oficina de registro.

Muchos bravos corrieron a forzar las puertas, robar los baúles que contenían los votos, y salir victoriosos de esa batalla en contra de la imposición. Otros chismosos miraban simplemente. Adiciono la confesión que yo hacía parte de los chismosos.

No había valor en mi presencia, simplemente la curiosidad de ver aquello que nunca quizás se repetiría y entonces, de repente, sin darme cuenta y por error, la turba perseguida por la policía corrió en dirección a donde yo me encontraba. En cuestión de segundo yo era uno más de los que corrían de los gases y de los garrotes y para peor dolor quedamos cercados por la policía de derecha a izquierda y con la alcaldía en frente, atrapados como ratas.

Fue entonces cuando hice uso del único acto de rebeldía política que he tenido en mi vida. Con una piedra frente a mí y ya sin nada más que perder, la piedra voló desde mi mano y se estrelló contra el más grande de los ventanales de la alcaldía. La muchedumbre había recordado en ese preciso momento el derecho divino a la legítima defensa. Las piedras volaron contra los edificios, la policía y las cabezas desprevenidas, de manera que se configuró una batalla campal de tal magnitud, que la policía comenzaba a retroceder, incapaces de resistir las monolíticas armas de defensa.

Escapé, como escapan los cobardes cuando ven las grandes batallas que posteriormente harán parte de la historia, con la cabeza intacta y una historia que contar, la historia de aquellos días en que yo también fui un revolucionario, casi fuerte y casi bravo, por error.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Sobre volver... sin la frente marchita.

Si han volteado hasta el recuerdo...
entonces a qué volver?

Pues porque si. Porque es mi casa, porque es mi oasis, porque es mi descanso.
Volver a los brazos que quieren recibirme y que siempre están abiertos para mi.
volver después de un merecido receso, para ocuparme de mil cosas mas pesadas pero igual de gratificantes.
Volver porque oz hizo lo propio... volver para no ser olvidado.
Volver para vencer la usencia, pero sobre todo, volver por la necesidad urgente de hablar con alguien que verdaderamente me entienda. Quien ha leido lo que aquí he escrito, sabe verdaderamente cómo soy. En mi blog no hay mentiras ni mascaras ni verdades a medias.
Porque la magia del silencio también cansa... porque hay ocaciones en que las canciones dicen mucho y hoy vengo cantando:
Quiero volver, volver, volver.

lunes, 12 de octubre de 2009

Sobre un viejo que hoy recuerda viejas historias

Alguna vez escuché la historia de un cosmonauta, quien fue a conquistar las estrellas para la unión soviética, pero justo entonces la Unión Soviética se acabó.

El hombre quedó allá, lejos del mundo que conocía, invadido por una belleza ajena y solitaria y respaldado por una bandera que tan solo existía en su uniforme, porque ya ni siquiera había dinero para traerlo de regreso.

Cuando finalmente Alemania lo trae de vuelta, ocho meses después, todo lo que él creía cierto, real, absoluto, había cambiado.

¿Cuántas veces no hemos sentido exactamente igual; con un respaldo seguro nos lanzamos a conquistar las estrellas, para ponerlas a los pies de quien sentimos que las merece? Embriagados por una belleza sin igual, no nos damos cuentas de que nada permanece estable y que las cosas cambian, los tiempos cambiar y no siempre a nuestro favor… es entonces cuando el mundo se derrumba y las banderas del amor solo quedan izadas en nuestros recuerdo… no hay un feliz puerto al cual regresar.

Si aquel hombre, suspendido en su alegría hubiese preguntado al control de tierra, ¿Era justo que estos le preocuparan con las noticias que eliminarían lo hermoso del paisaje? Si aquel control de tierra fuese yo, lamentablemente si lo haría.

Con mi diplomacia de camionero siempre he preferido el dolor de una herida inmediata que la tortura de mil heridas a retazos. Los cambios siempre llegan, es nuestro deber estar preparados. El dolor siempre llega, el sufrimiento es el que queda en nuestras manos.

Si fuese yo, cosmonauta suspendido en la belleza ajena del espacio, quien se entera que todo ha terminado, por lo único que lloraría es por el final del viaje. Miraría la belleza, que ya no sería mia nunca más y me condolería por ello. Si fuese yo, cosmonauta suspendido en la magia pasajera, quien se entera que la magia terminó, daría una ultima mirada a las estrellas impasibles y ajenas, tocaría la bandera bordada en mi uniforme y segundos después mi voz entrecortada a miles de kilómetros diría: “Control de tierra… voy de regreso”

domingo, 4 de octubre de 2009

Hasta pronto Negra, hasta pronto.

Calentame el corazón con tu canto, negra, que me está doliendo.
Abrigame con esa profunda voz de Madre Tierra, chamánica y mitológica, que ahora a la tierra ha vuelto… meceme con tu talento, con tu bravura, con tu aliento.
Ayudame a entender que la vida es solo un camino, un paso, tan regular como la alegría y más seguro que la vida.
Aun no te has terminado de ir y ya te extrañamos Mercedes, pero, solo nos queda esperar que para nuestro momento, podamos sentir que hemos cumplido, como tú lo has hecho; que millones estén con nosotros, como lo estamos contigo.
No sé si ya lo sabrás, negrita, nuestra sonrisa se fue contigo.
Calentame el corazón con tu canto, cantora, calentanos el corazón…que nos está doliendo.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Sobre nombres... y regresos.

A Leney y a Harry, sacandome de mi ausencia.

Egipto, antiguo aun para los antiguos, destacaba una propiedad enorme en algo que damos por sentado: las propiedades mágicas del nombre.

El nombre, la denominación real de las cosas, sin artilugios y sin remoquetes… el nombre como alma de lo que existe, el nombre como esencia.

¿Hasta dónde es importante el nombre hoy en día?

Ella tiene todo lo que una buena relación puede ofrecerle. Él es guapo, mantienen contacto constante, se ven con la regularidad necesaria para tener la llama encendida, pero sin la ansiedad molesta que llegue a sofocarla. Comparten, ríen, juegan, disfrutan de una buena relación después de tener las alas aporreadas por el pasado que siempre pesa.

Pero hay algo que a ella no le convence… No tiene cómo llamarle a su relación.

Perdón ¿Hasta dónde es importante el nombre DE LAS RELACIONES hoy en día?

¿Dejo de ser quien soy si me pusiera Roberto o Mario? No lo creo, creo que a veces comenzamos a deslizarnos en los detalles, manteniéndonos en nuestra bóveda celeste sin darnos cuenta que lo importante pasa en el núcleo, el suelo, al interior.

No es el beso menos beso porque se omita su nombre, no es el orgasmo menos intenso porque se le deje huérfano de calificativo. Las cosas son lo que son, con o sin adornos, con o sin nombre.

Disfruta lo que tienes, mientras puedes disfrutarlo y conservarlo; disfrútalo sin preocupaciones, sin prevenciones, sin ansiedades, porque lo que ha de ser, sencillamente será.

Sé feliz con tu relación, con o sin nombre, aliméntate de las cosas lindas, de las cosas dulces sin importar el resto, porque son lo que realmente valen, las que verdaderamente se deben retener.

¿Hasta dónde es importante el nombre hoy en día?

En mi humilde opinión, el nombre no es más que palabras y las palabras siempre son susceptibles a error, a falsedad, a engaño.

martes, 8 de septiembre de 2009

Sobre cositas... varias

Algunas veces me pongo a recordar besos pasados...

esos que te hicieron soñar alguna vez, y sin saber por qué, cierro los ojos...
quizas el hermoso placer de los besos, aunque sea en el recuerdo, debe apreciarse con el buen consejo de la oscuridad.

sábado, 29 de agosto de 2009

Sobre palabras prestadas... e idiotas propios.

Idiota no es cualquiera.

Se necesita vocación y entrenamiento. Sea cual sea el empaque. Porque hay varias clases de idiotas: los invisibles y los que encandilan. Los inodoros y los que apestan. Los insípidos y los que empalagan.
Hay idiotas con toga e idiotas con botas. Hay idiotas de reciente cosecha y los hay añejados. Hay idiotas por conveniencia y hay idiotas por convicción. Todo idiota, sin embargo, tiene su equipamiento básico: una serie de rasgos peculiares que lo definen y lo separan del resto de la especie.
El idiota típico, por ejemplo, no distingue colores ni matices. Ve el mundo en blanco y negro. Alimenta su discurso con dicotomías. Pobres y ricos. Patriotas y lacayos del imperio. Buenos y malos. Capitalismo y socialismo. Bush y el otro.
El idiota practica el autoengaño. Cree que maneja a los demás… y los demás lo usan. Lo ponen, verbigracia, a dar insultos a un gringo en tierra ajena, mientras el anfitrión voltea su estrabismo para desentenderse. O algún analfabeto presidente, embutido en un poncho, le organiza un acto de adulación para vaciarle la bolsa mientras habla.
El idiota no sabe lo que dice. Usa la lengua pero no el cerebro. Le rinde culto a la consigna. Llama a formar “uno, dos, tres Vietnam”, sin recordar el sufrimiento que un solo Vietnam le causó al mundo.
O grita a todo gañote “Patria, socialismo o muerte”, como opciones alternativas de futuro. Como una amenaza enarbolada a los cuatro vientos, que deja sin espacio a quienes creen en la humanidad, la libertad y la vida.
El idiota no sabe sacar cuentas. Se mira en el espejo y grita “¡Somos dos!”. El idiota, en efecto, asocia a su país con tres países pobres y pequeños… y cree que el imperio está temblando.
Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua se embarcaron en esa aventurilla que es ALBA. Unidos suman unos 50 millones de habitantes. La mitad de los que tiene México. La cuarta parte de los de Brasil. La sexta parte de la población del imperio. Bush no se ha dado ni cuenta de que el ALBA respira.
El idiota no sabe que los demás lo ven. Persigue al hombre de su vida (si no existiera Bush lo inventaría) por toda América Latina, y luego dice que aquél lo anda buscando. Monta un show de bostezos y de insultos en un pequeño estadio de un barrio bonaerense y luego va a dormir en el Sheraton Hotel. Prédica y conducta por distintos rumbos.
El idiota no tiene identidad política. En Argentina se proclamó hijo de Bolívar, de San Martín, de Tupac Amaru, del Ché Guevara y de Perón. Cuando visita Cuba es hijo de Martí. En Nicaragua es hijo de Sandino. En Perú, de Velasco. En la China, de Mao.
Esa mezcla de padres tan disímiles talvez sea responsable del desorden ideológico que el pobre idiota carga entre verruga y ceja.
El idiota prefiere lo parejo. Le tiene miedo a la diversidad. Por eso quiere un partido único donde todos complazcan sus caprichos. Y un pensamiento único que evite la comezón de la disidencia. Y un líder único y eterno, cuyo dedo decida el rumbo el país.
El idiota no asume responsabilidades. La culpa es siempre de otro. Del neoliberalismo. Del imperialismo. De la oligarquía. De los medios de comunicación. De sus ministros, incluso. Es un experto en el arte de lavarse las manos.
El idiota se cree grande porque hay otros idiotas que lo aplauden. El idiota se cree tigre de acero. El idiota no sabe que el acero también se derrite.
Daniel Romero Pernalete

lunes, 24 de agosto de 2009

Sobre... reminiscencias?

Se llamaba Nerón.
Negro como el alma de su homónimo, Nerón había dado buena cuenta de las carnes de todos los vecinos. Sus mordidas estaban marcadas en culitos, piernitas y las malas lenguas infantiles contaban que una niña, del otro barrio, había sido mordida en la cara, dejándola marcada de por vida.
Yo le temía a Nerón más que a la oscuridad, eso ya era mucho decir. Pero un día llegó al barrio Mauricio. Mauricio era gordo como yo, pero era un gordo valiente y en gran parte esa valentía se contagiaba en mí. Mauricio me dijo que había que usar la ferocidad de Nerón en su contra y a favor de nuestra diversión. Desde entonces nos dedicamos a mortificar al pobre perro paseando veloces en nuestras bicicletas.
¡Upa Upa Nerón! Le decíamos al animal echado a la sombra de una veranera, quien de inmediato salía a perseguirnos infructuosamente. Si que éramos muy buenos con el pedal.
Pero los días pasaron y Nerón perdía interés en nosotros, entonces teníamos que añadir emoción al juego y decidimos que molestaríamos a Nerón corriendo. La verdad al plan yo le veía muchos fallos, sobre todo el hecho que éramos dos niños obesos y que Nerón era una bestia sedienta de caras de niños para destrozar; pero para Mauricio era un plan perfecto y yo, una vez más, no tuve el coraje de contradecirlo.
Nerón dormía las cuatro de la tarde bajo la veranera y desde la esquina Mauricio y yo lo mirábamos, él mas dichoso y menos preocupado que yo. ¡Neroncitoooo! Dijo Mauricio y de inmediato el animal se levantó disparado sin siquiera mirar hacia donde corría. Mauricio y yo arrancamos en carreras y mientras que él se reía, yo trataba de ahogarme menos pero era inútil.
Las piernas funcionaban por una fuerza superior a mí, el miedo cocinaba mis entrañas y los ladridos del perro abrían orificios al interior de mi cabeza. Fue por una fracción de segundo que giré mi cabeza y vi al terrible animal a solo una nariz de mí.
Juro que no fue por mala fe, que no lo tenía pensado y que nunca me hubiese ocurrido una acción tan mezquina como aquella; tan pronto sentí el ladrido del perro muy cerca de mis carnosas piernas, estiré la mano tomando la camisa de Mauricio y sin pensarlo dos veces se lo tiré a la bestia para que le sirviera de cena.

Recogieron a Mauricio y lo llevaron al hospital con la espalda abierta por las dentelladas del can. En la noche yo no podía dormir; pensaba que había tirado a mi amigo para que se lo comiera el perro y por más que intentaba venderme la idea que era su propia culpa por incitarme al mal, no lograba callar la voz de la conciencia.
Mauricio nunca me volvió a hablar y yo nunca tuve el valor de mirarlo a la cara otra vez, ni aun cuando los años pasaron y de repente me lo cruzaba en nuestro pueblo.
Nerón murió envenenado, como solían morir los tiranos, y con tantos enemigos que nadie se condolió por el perro ni se preguntó quién lo hizo; quizás hoy en día nadie lo recuerda, quizás hoy en día el perro no es más que una cicatriz tenue en la espalda de Mauricio y un dolor de amigo en una esquinita de mi corazón.

sábado, 15 de agosto de 2009

Sobre mi más grande traición.

Recuerdo muy bien cuando los amigos de mi abuelo comenzaron a morirse, de muerte natural, que es el privilegio que tienen los viejos en los pueblos alejados de todo, menos de Dios.

¡Carajo! Se murió Orobio.

Eso fue todo lo que le escuché decir cuando llegó a la casa la noticia de la muerte del abuelito de mi Amigo Diego.

Su mirada se perdió en el cielo, quizás pensando en su propia muerte, bastante cercana, o quizás recordando al amigo perdido. Parado con las manos agarradas en la espalda como era su postura típica, sin camisa y mostrando su enorme barriga de tambor, escrutaba en el cielo sin nubes quizás una señal, quizás un plegaria, quizás un aviso.

Hoy quiero hacer una confesión de traición. Hoy quiero declararme culpable ante el destino y ante las parcas que ya deben estar preparando el hilo de mi vida.

La madrugada que mi abuelo moría, él, el hombre que más he amado sobre la faz de la tierra, yo no me levanté a despedirme… yo no le dije Adiós.

Recuerdo vagamente que Mamá se acercó a la cama y me dijo entre llantos algo como “mi Papá se está muriendo” y hasta ese momento llega mi participación en la escena de su vida. Recuerdo haberme despertado algunas horas después con la noticia de que mi abuelo había muerto.

No era posible, no para mí. Él iba más allá de las leyes que rigen a los hombres. Él era mi ídolo, mi padre, mis cimientos. Él era mi todo y yo lo era todo para él. Lo que más me duele es saber que con todo el amor que sintió por mi abuela; con toda la devoción que se entregó a sus hijos, fui yo la última persona en la que él pensó, sus últimas acciones, cuando al voz ya se había apagado, eran para demostrar que me quería… para demostrar cuánto me quería.

Yo, el traidor, lo cambié a Él, al hombre que mas he amado en mi vida, por un sueño profundo; yo, el traidor desde entonces no he logrado dormir las noches completas y quizás el único placer que no disfruto hasta saciarme es el placer de dormir.

Quizás inconscientemente espero en esta penitencia resarcir mi culpa y enmendar mi falla.

Quizás inconscientemente aplico la pena que deberían tener todos los traidores: no descasar tranquilos agobiados por el peso de su propia culpa.

Cloto hila mi destino mientras Laquesis mide si intensidad, a ellas ya no puedo pedirles clemencia por este delito, porque yo aun no me perdono por ello. Solo me queda esperar que la más inflexible de las Moiras, la propia parca, Atropos, corte mi hilo en el momento digno para que un buen amigo, mirando un cielo sin nubes y con las manos agarradas en las espaldas pueda decir con verdadera tristeza ¡Carajo! Se murió Uribe.

sábado, 8 de agosto de 2009

Sobre nuevos caminos....

A Marga, Rosa y Cyllan (futura colega).

Si, yo pensé que el costo de la vida solo me iba a reventar para cuando comenzara a pagar mis impuestos de millonario.

Hola.

Regresó (despeinado y agotado) después de una ausencia de dos semanas, sin visitar los blogs y con una lejana galaxia donde reina el desgobierno. Ahora mi lista de prioridades la encabeza una genial: Seré Arquitecto.

Bien, es cierto que las opciones de recorrer los cinco años hasta la meta se ven borrosas… bueno, siendo realistas son casi una penumbra, pero es lo que quiero, es la mejor manera de invertir mi tiempo y enfrascado en una batalla difícil… y costosa.

Y es que no es solo levantarme a las cinco de la mañana, (todos sabemos que el mejor tiempo para dormir es justo antes de tener que levantarte), tomar un autobús lleno de gente, donde todos me lanzan su mirada de reproche, haciéndome sentir como un leproso cuando los golpeo con mi enorme morral y mi gigantesca carpeta. La carpeta, que me costó un ojo de la cara y que es tan incómoda como fea; el papel del más fino, los lápices de los que más valen… todo para cumplir con los requerimientos de un profesor genial y escandaloso (algo emparentado con una gallina) que nos dice que en los mejores materiales se encontrarán los mejores resultados. Mala suerte para el reciclaje.

Transporte, comida, materiales, colecta para una gaseosa, más materiales… y todo poco a poco va inflando mi morral y devastando mi bolsillo.

Apenas empiezo, y la vida del estudiante, azarosa y humilde ya me está tocando las narices. Pero es lo que quiero, es lo que me nace; bien podría estudiar astrología y vender pantomimas de lindos futuros; bien podría ejercer de logrero, malviviendo la poca vida que me quede de lo que pudiera quitarle a los demás. No, he decidido el camino difícil, siempre lo hago y para mi buena hoja de vida, siempre lo culmino.

Solo sé una cosa, empecé esto y ahora seré el mejor. Empecé esto y con toda seguridad no habrá quien me detenga mientras esa no sea mi decisión. Tozudez me sobra y para llegar a buenos puertos, no todos los mares serán calmos.

Espero pues que no me olviden, aun cuando solo tenga tiempo de pasar por mi propio espacio y en ocasiones más separadas. Espero tenerlos cerca, porque para mí ser Blogger no es solo escribir las tonterías inmediatas que se nos vienen a la cabeza, dibujando serpientes emplumadas y pajaritos ilusorios. Ser Blogger para mí, ha sido encontrar las personas más maravillosas que piensan sueñan y sienten del otro lado de la pantalla… y espero que ellos sientan lo mismo por mí.

Ahora me voy, a mi entrevero de papeles y lápices costosos, con miedo de que ahora mi blog se vuelva una bitácora loca, donde un día comience con la frase: “Querido Diario…

martes, 28 de julio de 2009

Sobre una buena elección... mi propia eleccion

Los aromas son y serán algo cautivador. Muchas veces recuerdo un aroma con mayor facilidad que un evento y de hecho mi galería de recuerdos interna está catalogado en aroma de comida, de personas, de lugares, de los árboles en mi infancia… He de confesar que en lo único en lo que mi frágil economía se estira para derrochar es en perfumes.
Aquella noche había resultado algo diferente de lo que pensé, nuestro convenio de encuentro era para compartir dos soledades, simplemente eso. No había nada que nos uniera ni teníamos cosas en común que nos significara algún contacto. Como diría una buena amiga “nunca se debe convertir en persona al amiguito especial”… pero la figura de amiguito especial que yo estaba jugando definitivamente iba en contra de la carga emocional que tenía la noche. Era como el dulce placer de un cuento que sabes que va a terminar en algún momento, pero que se debe disfrutar mientras dura y así fue, lo disfruté con una ansiedad infantil porque las atenciones que me colmaron no son algo cotidiano en la lejana galaxia que habito; las personas que te muestran algo de cariño son pocas y como tales son invaluables.
El olor del humo del cigarrillo de nuevos amigos a los que fui presentado como otro amigo no me molestó por primera vez en mi vida. Frente a ellos la situación no cambió: miradas atentas, sonrisas repentinas, roces “involuntario” comenzaron a sentar una trama diferente en el fondo que yo personificaba.
El olor de la noche llegaba a través de una ventana a la que le faltaba un vidrio. Es un olor a frío… a misterio dirían otros, pero cada noche tiene un olor en particular. Esa noche me olía a goce, pero no ese goce particular que se puede resumir en sexo. Esa noche me olía a goce racional, intelectual y sensorial, esa noche me sentí complacido en todos los aspectos en los que se pueda usar esa palabra… pero como todas las cosas lindas, esa noche terminó.
Me levanté silencioso y le miré dormir. Siempre hay algo de paz al momento de mirar quien duerme profundamente. Tomé un bolígrafo y un papel y escribí una nota, robando alguna frase de una vieja canción… “Dormir con alguien es lindo en ocasiones… dormir contigo fue el camino mas directo al paraíso”
Luego comenzaron a llegar miles de pensamientos por mi cabeza, entre ellos los motivos que me habían llevado hasta su cama, las palabras que se habían convertido en ley desde mucho antes que nos conociéramos y el convenio definitivo de que no pasaría nada más que una buena noche… una excelente noche.
Tomé el papel de la nota y lo guardé doblado en el bolsillo de mi pantalón. Hay ocasiones en que los amigos eventuales no pueden pretender convertirse en persona. Le desperté para despedirme y con un simple adiós bajé las gradas y me encontré en la calle. El cielo amenazador de un domingo lluvioso y su respectivo olor me acompañaron hasta la parada del autobús. Horas mas tarde, solo en mi casa, mirando llover a través de la ventana, pensé en lo mucho que me hubiese gustado que fuera la persona que he estado buscando… aunque sabía que no lo era.

sábado, 25 de julio de 2009

Sobre mentiras.... y mas mentiras.

Si esa mano anónima obró de buena fe ya lo decidirá el diablo.

El hecho fue que a mi buzón llegaron dos correos; uno con la contraseña del buzón él, de mi nueva ilusión, el otro con una conversación del facebook donde intercambiaba mensajes con un apuesto chico, en las mismas fechas en las que se ha visto conmigo.

Una ira irrefrenable me invadió, una oleada de rabia y desazón puestas toda en el mismo contenedor, incapaz de mantenerla dentro… demasiada desilusión para mi pobre humanidad.

Entonces armé las palabras con retorica implacable, demostrando mi enojo, tirando a su cara el veneno que me corroía las entrañas, pero entonces, una certeza me apuñalo el costado: él y yo no somos nada.

Nos hemos acostado, hemos salido, hemos reído y hablado del amor y otros demonios, pero la verdad es que no somos nada… no puedo yo culparle por auto-sembrar en mí ilusiones.

Entonces… ¿Quién putas me puede definir a que tenemos derecho los “amigos con derechos”? ¡Joder! Eso es una mierda, sobre todo para los idiotas como yo que no distinguimos los linderos del corazón con los de la cama. ¿Ahora qué debo hacer? ¿Pretender que nada ocurrió y seguir calentándole la cama cuando las hormonas lo pidan o inflamarme de rabia como un pavo y mandar todo al carajo?

¡¡¡Ahhhh pero es que yo no aprendo y bien merecido lo tengo!!!! ¿Acaso fue el primero? ¡No! Estas especies abundan entre las autóctonas de mi romancero personal. Mentiras, mentiras y más mentiras… y encima me aterro por una mentira más, por un mentiroso más.

No voy a decir que al diablo el amor… para qué coño mentirme, si podría poner mi vida en manos del primero que me diga palabras bonitas… pero, ¡al diablo él! Al diablo con sus patrañas y sus cuentos enredados; al rincón de los recuerdos no gratos y ¡Ala! A empezar de nuevo… ¡A la caza de nuevas mentiras!

miércoles, 22 de julio de 2009

Sobre el adios a los pelos

Cuando niño siempre pensaba en qué ser cuando grande. Policía, marinero, biólogo marino, enano de circo, presidente del gobierno; no quise ser bailarín de reality, porque en esas bellas épocas aun no estábamos tan contaminados por la televisión. Pero hace algún tiempo al mirarme al espejo he tenido la certeza de lo que seré cuando grande: voy a ser calvo.

Y es que mirando mi vello capilar tono medio (Hombre, medio tirando a bajo) creo que esta cabellera que ha conocido tantos cortes y que se ha visto de los más variopintos diseños no llegará a los treinta y pico.

Ahora mi pregunta varía un poco. ¿Seré yo en el futuro un calvo orgulloso de mi pelada? O por el contrario trataré de ocultar lo evidente haciendo uso de lo escaso: peinarme una hilera de pelos para tratar de simular una leve sombra sobre el coco liso.

Bueno, el destino venía escrito al nacer sin un pelo de tonto, sin pelos en la lengua y con un retraso en el resto de mi pelaje (cuando mis compañeritos narraban selvático lo que en mi anatomía aun era desértico)… pero es que sentir las ideas tan ventiladas es otra cosa. Me sentiré como pensando con una bola de cristal, donde todos pueden ver mas allá de lo evidente!

La hermosa Celia Cruz (Aunque los canones de belleza afirmen lo contrario) lucía un sinfín de pelucas de colores coquetas y elaboradas. ¿Deberé ser yo uno de esos que esconden bajo el peluquín lo que la madre naturaleza se encargó de brillar? Bueno, esta no sería una mala alternativa si no contamos con horror la infinidad de Videos Locos donde al pobre calvo se le cae la peluca en el grado de la hija, en mitad de un discurso o en una gran olla con comida.

¡No, No al macabro peluquín! Seré un calvo de los de antes, de esos orgullosos que se extinguieron con los caballeros y los dragones. Seré un calvito digno como San Francisco (aunque de franciscano solo tenga la pobreza) como Ghandi, como Sean Connery o ¡como Amy Winehouse si es que sigue empeñándose en hacer ese macabro moño!

¡No a las abundantes cabelleras de los famosos de las películas!

Seré un calvo digno, presidente de la ACD Asociación de Calvos Dignos… y nuestra publicidad la hará una bien rapada Britney, demostrándonos que quedarse calvo también es una buena manera de hacer historia… aunque solo sea la historia personal.