sábado, 16 de febrero de 2008

Sobre publicar secretos

A un Amigo (si, de esos con Mayúsculas) le prometí escribir sobre técnicas de seducción y fue un gran inconveniente al darme cuenta que no tengo ni siquiera un ápice de seductor, es más, me gusta sentir que me seducen, el flirteo, el coqueteo disimulado que coge descaro con el pasar de las horas…
No, definitivamente no he logrado que nadie haga eso, o por lo menos que lo lleve a un feliz final, nadie ha intentado a través de palabras ingresar a las partes recónditas que escondo… nadie ha pensado que hay vida inteligente más allá de un cuerpo que ha hecho pobres avances en el gimnasio.
Pues bien, señoras y sobre todo señores, hoy estoy en “el bazar del Ángel”… Sigan!!!... Pasen!!!!... tome lo que quiera que estoy a mitad de precio… conozca los secretos mínimos que componen mi ser… escoja uno, lléveselo a su casa y hágase a una partecita pequeña de mi.
1. Soy adicto a los chocolates y al café… son una droga… no hay caja de chocolates que no sea vorazmente consumida ni mañana gris donde solo el café supere los niveles de la lluvia.
2. Soy daltónico dicromático y en mi infancia perdí un concurso de pintura pues mi cuadro, aun cuando era hermoso, resaltaba en un enorme cielo púrpura. Nadie entendió entonces que quizás los cielos púrpuras son escasos… y como tales invaluables.
3. No me gustan los martes. Mi día favorito es el viernes (y regularmente soy enemigo de los fines de semana… me aburren)
4. Tengo una fobia absoluta e irracional a las ratas… y a las ardillas (que son ratas bien vestidas)… y tengo temores controlables por los payasos, la oscuridad y aquellos elementos publicitarios que son un muñeco gigante con un cristiano adentro.
5. Cuando estoy en el gimnasio, no me gusta la electrónica con la que todos entrenan. En mi Mp3 hay tangos, clásica y rancheras y esa, por ser de mi agrado, me hace rendir mucho más.
6. Me gusta el orden, pero no me gusta ordenar, por eso prefiero mantener las cosas intactas… hay ocasiones que no deshago la cama para dormir, o en su defecto duermo en el suelo (que vergüenza, ni Mama sabe eso)
7. Solo he peleado una vez en mi vida… le clavé un lápiz en la mano a un niño y corrí horrorizado.
8. De una relación enorme lo que más me gusta son los besos.
9. Sufro de insomnio, pero en la madrugada, cuando estoy al punto del desespero es cuando mejor escribo.
10. Nunca aprendí a fumar, por mas que lo intenté me pareció más una tortura que un placer.
11. Sufro de un tipo de epilepsia llamada Pequeño Mal.
12. Creo haberme enamorado solamente una vez en la vida… pero espero que no sea la única.
13. Amo venir aquí, restaurar mi vieja galaxia con cinta adhesiva y recuerdos, alimentarme de las cosas lindas y simples que encuentro en diferentes casas que visito… y esperar por mensajitos que me recuerden que hay muchos que también me recuerdan.

lunes, 11 de febrero de 2008

Sobre intentos de golpe

“No hermano, con este blog y esa foto use harto esas alas... ¡pero para volar bien lejos de la blogosfera!”…Esas fueron las palabras de Teresa Pe como comentario a mi anterior post. Lo vi (y alguna amiga blogger igual) como una expulsión sin medida y directa de mi paraíso ambulante, de mi propia galaxia. ¡Un golpe de estado!... sin quererlo me puse a pensar en el día en que deba irme de aquí, en que deba tomar vuelo junto a una bandada de aves migratorias y dejar esta galaxia que he acomodado a mi antojo y he coloreado a mi gusto.
Para pensar en el final debe pensarse en el inicio, y recuerdo que la primera casa que visité fue la de un ángel que vuela a ras de suelo… una casa a la que google me llevó buscando una canción de Bosé. Luego un Hada me narró una historia sobre el amor que encuentra cada mañana en unos ojos azules. En ese punto me di cuenta que también había en mis palabras historias para contar, yo también había vivido lo suficiente para acomodar piezas en un rinconcito propio; había encontrado un espacio que podía hacer mío, construirlo con pedazos de alma, de tinta y de recuerdos.
Heme aquí, este soy yo, escribiendo de todo lo que se me ocurre escribir, llorando penas, remendando el corazón, ejerciendo como aprendiz de poeta, como aprendiz de músico y como aprendiz de cuentero, entregando en palabras pobres mis denuncias y mis protestas. Hablando se sexo y de amor. Paladeando a Sabina, a José Alfredo y a Chavela que piensan como uno solo, citando a Borges o a Benedetti...
No Teresa Pe… no me iré lejos de la Blogosfera ahora, porque mis palabras aun crujen por salir a marejadas; porque los sentimientos brotan y este es el único cauce que pude darles; porque en ocasiones la compañía de muchos personajes frecuentes en mi espacio es la única compañía desinteresada que encuentro; porque requiero leer mil paginas antes de encontrar buenos lugares, como el tuyo, que me parezcan novedosos e interesantes.
No Teresa Pe, agradezco tu visita pero rechazo tu expulsión, mis defensas están altas y mi gravedad está constante… mi galaxia tiene mucha orbita para recorrer en la blogosfera.

jueves, 7 de febrero de 2008

El Tango De Roxanne - Moulin Rouge

Deja solo el sonido del video... es fascinante!

Sobre tango y poesía

¿Por qué hacer un tango preguntan mis noches?
¿Por qué volar lejos, tan lejos del cielo?
Pero el tango marca tu vida en mi tiempo
Porque el tango llora mi vida en el suelo

Marcaste de besos mi piel y mis labios
De rojo teñiste la sal de mis venas
Maldigo mis sueños que puse en tus manos
Maldigo tus sueños que fueron ajenos

Me voy porque tengo una herida en el alma
Que es la más reciente, más no la primera
Buscaré los labios que sean solo míos
Manos que no llenen de amor a cualquiera

Viví las regiones oscuras que guardas
Lloré los temores mortales que escondes
Estuve a tu lado entre sangre y arena
No supe ni como ni cuando ni donde

Ni supe la forma en que te despediste
Para aquel entonces no tenía conciencia
Manchaste de besos ajenos mis labios
Ya que más me daba perder tú presencia

Hay un bandoneón que repite mis fiebres
Y lloro de furia abrazando un retrato
El tango que llevo solo habla de muertes
Que solo me dejan la vida en pedazos

Adiós, solo adiós mi dulce Buenos Aires
Ella ya no existe, solo a ti te extraño
Pero no me busques, ni extrañes mis pasos
Déjame en mi tango, ya no me hace daño.

martes, 5 de febrero de 2008

Sobre aburrimiento y prejuicio

Cuando comencé a escribir este post me di cuenta que el 90% de las personas con quienes he sostenido un romance (incluyendo besos aislados, largos tormentos o inclasificables proyectos) tienen un nombre que comienza por J. De estos, el 30% corresponden a un Julián, otro 30% a un Jhon y de ahí en adelante pueden sacar el calendario para revisar todos los nombres posibles (eso sin decir que tenga una lista a grandes niveles y con muchas viñetas)
J (uno de tantos) era una persona adorable. Paramédico, inteligente, trabajador, compartíamos los gustos por los dibujos animados, por la comida y en ocasiones, muy pocas ocasiones, la pasión en el sexo. Si, J no era una persona que pensara en el sexo todo el tiempo, de hecho pensaba muy poco en sexo… mirándolo bien casi nunca pensaba en sexo y dado lo malo y aburrido que resultaban los pocos encuentros, era preferible que ni siquiera se le cruzara por la cabeza.
Pasábamos tardes fabulosas de historias compartidas, de caricias placenteras y de mucha televisión abrazados en la cama, pero al momento de llegar a la “consolidación de la relación” (bajo la dudosa pretensión de que relaciones se consolidan con el sexo) era algo indescifrable, era como… comida sin sal quizás! (o como diría mi amiga D, sabía a beso de bobo)
¿Cuál es el porcentaje de importancia que tiene el sexo en una relación?
No quiero sumarle grados al termómetro de “sexualidad” que tenemos las personas de tierra caliente, pero para mi el sexo es el tiempo de intimidad perpetua (perpetuidad que en el caso de J eran contados minutos) donde entregas todo y unes tu voluntad a la de tu pareja para convertirla en una sola. Hacer el amor es un rito, de piel y sudor, de roces y besos. Hacer el amor es entregarse.
Nunca pude apreciar esos contados minutos al lado de J. Al lado de él ese era un tiempo poco esperado y de regular avance, aun cuando otras circunstancias a su lado eran únicas. Un día J me contó algo de su pasado, algo similar a lo que siempre habíamos conversado pero esa ocasión fingí enojo, llevé las cosas al extremo y finalmente le dije que no deseaba volver a verlo. En el fondo no era cierto, pero ya no había lugar para incluirlo en la lista de amigos y como amante estaba resultando verdaderamente fatal. No pude seguir endosándole la vida sexual que yo anhelo y disfruto, definitivamente el porcentaje de importancia que tiene el sexo en mi vida es alto, y espero no ser juzgado por ello.
Por otro lado, ¿en que medida fue bien elegida la puerta de salida que busqué para esta relación? La verdad no me parecía políticamente correcto decirle “lo siento, pero el fracaso estruendoso que estas protagonizando en mi vida sexual, me obliga a decirte adiós”… ¡No!!! Eso no se le dice a nadie, por lo menos no en la lejana galaxia que habito. El inconformismo estaba en mi terreno de juego, yo debía lidiar con mis razones y debía buscar el mejor remate; quizás su vida sexual pobre y disminuida es suficiente para mantenerlo estable, quizás el ni siquiera le da importancia a ese aspecto, no lo sé.
La otra noche venía a mi casa, los audífonos de mi MP3 se había echado a perder con la lluvia de la tarde así que me conformé con los vallenatos insoportables que lanzaba a media voz el radio del conductor. Entonces, dos asientos más adelante le vi; era J, acompañado con un chico mucho menor que yo y obviamente mucho menor que él. Era evidente que las risas cómplices y las miradas absolutas decretaban un romance tierno y sincero; talvez J había encontrado alguien que no veía en él impedimento alguno para deshacerse en caricias de domingo y dibujos animados, talvez aquel chico de sonrisa infantil no tenía tantas historias para comparar el cuento de hadas que estaba viviendo, talvez hay mucho pasado en mi espalda y eso me llevó a preformar un príncipe azul que no ha llegado, que no se si llegara… quizás no llegue. Talvez algún día mi instinto de conservación y el miedo a la soledad reformen mi constitución interna, implantando un conformismo absoluto y recibiendo sin reservas cualquier demostración de cariño, aun cuando no haya un cumplimiento en mi definición de Hacer el Amor… aun cuando ni siquiera el corazón esté bien abrigado.