Me acobardó la soledad y el miedo enorme de morir lejos de ti...
Hace días, Oz ponía en una de sus frases que el príncipe escuchó la primera frase de esta canción y pensó que su amada aun lo esperaba… ¡Pobre! No conocía la canción completa… no sabía que habría de encontrar una extraña tejiendo una larga trenza de costumbre cuando el amor estaba olvidado.
Y ahora que estoy frente a ti parecemos, ya ves, dos extraños...
¿Acaso, no hemos todos alguna vez escuchado la primera parte de un mensaje y haber fallado en su interpretación? ¡Ja! Iluso de mí, el rey de este error…
La noche esplendida y fría de la capital que adoro me llevaba puntual, como siempre, a mi destino en la zona de bares y cafecitos. Él llegó media hora tarde, pero la furia me tocó fingirla ya que el olor de su perfume borró cualquier rastro del enojo genuino. Fuimos a la disco, bailó conmigo toda la noche aun cuando la jauría de chicos en cacería nos había asediado hasta la zona de no fumadores… reímos, jugamos, flirteamos… y la noche se terminó, cuando las mañanas despuntan, con un fabuloso beso de cuento de hadas.
Si yo fuese Perrault o uno de los Hermanos Grimm, dejaría la historia aquí a fuerza de no poder dejarla en boda (aun no en Colombia)… pero como no lo soy, debo decir que después del beso no pasó nada… no hubo llamadas posteriores, hubo un encuentro pequeñito y ligero sin nada mas, y luego hubo una salida amistosa donde me contó que segundos antes había conocido al chico más hermoso en el mundo habitado…
Ese era yo, cargando como el caracol a mis espaldas un pasado de ilusiones que ya es suficientemente pesado, pero aun así añadiendo más peso al bulto.
¿Acaso era para mí tan difícil esperar a que la canción sonara completa para ponerle destino elevado al corazón? No, lo siento, la melodía embriagaba, la canción era tan hermosa como su interprete y lastimosamente la gran mayoría de los que están leyendo esto saben que yo entrego mi corazón al menor movimiento de pestañas y aprendí a repararlo con habilidad de zapatero, reforzándolo cada vez mas.
Mis canciones no son alegres, pero aun así aprendí a sonreir, sonreírle a esos finales inesperados, echarme mi amor al hombro y seguir por el camino, entonces, ¿Podría alguien explicarme la reincidente necesidad de ilusionarme? ¡Dios! Es patológico… ya no peligroso ni mortal, pero pareciera que en cada viento que tiendo a elevarme encuentro un nuevo roto en mi cometa… ciertamente debería esperar que la canción suene completa, para saber como terminará.
Palideció la luz del sol al escucharte fríamente conversar...
