Se llamaba Nerón.
Negro como el alma de su homónimo, Nerón había dado buena cuenta de las carnes de todos los vecinos. Sus mordidas estaban marcadas en culitos, piernitas y las malas lenguas infantiles contaban que una niña, del otro barrio, había sido mordida en la cara, dejándola marcada de por vida.
Yo le temía a Nerón más que a la oscuridad, eso ya era mucho decir. Pero un día llegó al barrio Mauricio. Mauricio era gordo como yo, pero era un gordo valiente y en gran parte esa valentía se contagiaba en mí. Mauricio me dijo que había que usar la ferocidad de Nerón en su contra y a favor de nuestra diversión. Desde entonces nos dedicamos a mortificar al pobre perro paseando veloces en nuestras bicicletas.
¡Upa Upa Nerón! Le decíamos al animal echado a la sombra de una veranera, quien de inmediato salía a perseguirnos infructuosamente. Si que éramos muy buenos con el pedal.
Pero los días pasaron y Nerón perdía interés en nosotros, entonces teníamos que añadir emoción al juego y decidimos que molestaríamos a Nerón corriendo. La verdad al plan yo le veía muchos fallos, sobre todo el hecho que éramos dos niños obesos y que Nerón era una bestia sedienta de caras de niños para destrozar; pero para Mauricio era un plan perfecto y yo, una vez más, no tuve el coraje de contradecirlo.
Nerón dormía las cuatro de la tarde bajo la veranera y desde la esquina Mauricio y yo lo mirábamos, él mas dichoso y menos preocupado que yo. ¡Neroncitoooo! Dijo Mauricio y de inmediato el animal se levantó disparado sin siquiera mirar hacia donde corría. Mauricio y yo arrancamos en carreras y mientras que él se reía, yo trataba de ahogarme menos pero era inútil.
Las piernas funcionaban por una fuerza superior a mí, el miedo cocinaba mis entrañas y los ladridos del perro abrían orificios al interior de mi cabeza. Fue por una fracción de segundo que giré mi cabeza y vi al terrible animal a solo una nariz de mí.
Juro que no fue por mala fe, que no lo tenía pensado y que nunca me hubiese ocurrido una acción tan mezquina como aquella; tan pronto sentí el ladrido del perro muy cerca de mis carnosas piernas, estiré la mano tomando la camisa de Mauricio y sin pensarlo dos veces se lo tiré a la bestia para que le sirviera de cena.
…
Recogieron a Mauricio y lo llevaron al hospital con la espalda abierta por las dentelladas del can. En la noche yo no podía dormir; pensaba que había tirado a mi amigo para que se lo comiera el perro y por más que intentaba venderme la idea que era su propia culpa por incitarme al mal, no lograba callar la voz de la conciencia.
Mauricio nunca me volvió a hablar y yo nunca tuve el valor de mirarlo a la cara otra vez, ni aun cuando los años pasaron y de repente me lo cruzaba en nuestro pueblo.
Nerón murió envenenado, como solían morir los tiranos, y con tantos enemigos que nadie se condolió por el perro ni se preguntó quién lo hizo; quizás hoy en día nadie lo recuerda, quizás hoy en día el perro no es más que una cicatriz tenue en la espalda de Mauricio y un dolor de amigo en una esquinita de mi corazón.
lunes, 24 de agosto de 2009
Sobre... reminiscencias?
Catarsis de
Arquitecturibe
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11:30
13
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sábado, 15 de agosto de 2009
Sobre mi más grande traición.
Recuerdo muy bien cuando los amigos de mi abuelo comenzaron a morirse, de muerte natural, que es el privilegio que tienen los viejos en los pueblos alejados de todo, menos de Dios.
¡Carajo! Se murió Orobio.
Eso fue todo lo que le escuché decir cuando llegó a la casa la noticia de la muerte del abuelito de mi Amigo Diego.
Su mirada se perdió en el cielo, quizás pensando en su propia muerte, bastante cercana, o quizás recordando al amigo perdido. Parado con las manos agarradas en la espalda como era su postura típica, sin camisa y mostrando su enorme barriga de tambor, escrutaba en el cielo sin nubes quizás una señal, quizás un plegaria, quizás un aviso.
Hoy quiero hacer una confesión de traición. Hoy quiero declararme culpable ante el destino y ante las parcas que ya deben estar preparando el hilo de mi vida.
La madrugada que mi abuelo moría, él, el hombre que más he amado sobre la faz de la tierra, yo no me levanté a despedirme… yo no le dije Adiós.
Recuerdo vagamente que Mamá se acercó a la cama y me dijo entre llantos algo como “mi Papá se está muriendo” y hasta ese momento llega mi participación en la escena de su vida. Recuerdo haberme despertado algunas horas después con la noticia de que mi abuelo había muerto.
No era posible, no para mí. Él iba más allá de las leyes que rigen a los hombres. Él era mi ídolo, mi padre, mis cimientos. Él era mi todo y yo lo era todo para él. Lo que más me duele es saber que con todo el amor que sintió por mi abuela; con toda la devoción que se entregó a sus hijos, fui yo la última persona en la que él pensó, sus últimas acciones, cuando al voz ya se había apagado, eran para demostrar que me quería… para demostrar cuánto me quería.
Yo, el traidor, lo cambié a Él, al hombre que mas he amado en mi vida, por un sueño profundo; yo, el traidor desde entonces no he logrado dormir las noches completas y quizás el único placer que no disfruto hasta saciarme es el placer de dormir.
Quizás inconscientemente espero en esta penitencia resarcir mi culpa y enmendar mi falla.
Quizás inconscientemente aplico la pena que deberían tener todos los traidores: no descasar tranquilos agobiados por el peso de su propia culpa.
Cloto hila mi destino mientras Laquesis mide si intensidad, a ellas ya no puedo pedirles clemencia por este delito, porque yo aun no me perdono por ello. Solo me queda esperar que la más inflexible de las Moiras, la propia parca, Atropos, corte mi hilo en el momento digno para que un buen amigo, mirando un cielo sin nubes y con las manos agarradas en las espaldas pueda decir con verdadera tristeza ¡Carajo! Se murió Uribe.
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16:18
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sábado, 8 de agosto de 2009
Sobre nuevos caminos....
A Marga, Rosa y Cyllan (futura colega).
Si, yo pensé que el costo de la vida solo me iba a reventar para cuando comenzara a pagar mis impuestos de millonario.
Hola.
Regresó (despeinado y agotado) después de una ausencia de dos semanas, sin visitar los blogs y con una lejana galaxia donde reina el desgobierno. Ahora mi lista de prioridades la encabeza una genial: Seré Arquitecto.
Bien, es cierto que las opciones de recorrer los cinco años hasta la meta se ven borrosas… bueno, siendo realistas son casi una penumbra, pero es lo que quiero, es la mejor manera de invertir mi tiempo y enfrascado en una batalla difícil… y costosa.
Y es que no es solo levantarme a las cinco de la mañana, (todos sabemos que el mejor tiempo para dormir es justo antes de tener que levantarte), tomar un autobús lleno de gente, donde todos me lanzan su mirada de reproche, haciéndome sentir como un leproso cuando los golpeo con mi enorme morral y mi gigantesca carpeta. La carpeta, que me costó un ojo de la cara y que es tan incómoda como fea; el papel del más fino, los lápices de los que más valen… todo para cumplir con los requerimientos de un profesor genial y escandaloso (algo emparentado con una gallina) que nos dice que en los mejores materiales se encontrarán los mejores resultados. Mala suerte para el reciclaje.
Transporte, comida, materiales, colecta para una gaseosa, más materiales… y todo poco a poco va inflando mi morral y devastando mi bolsillo.
Apenas empiezo, y la vida del estudiante, azarosa y humilde ya me está tocando las narices. Pero es lo que quiero, es lo que me nace; bien podría estudiar astrología y vender pantomimas de lindos futuros; bien podría ejercer de logrero, malviviendo la poca vida que me quede de lo que pudiera quitarle a los demás. No, he decidido el camino difícil, siempre lo hago y para mi buena hoja de vida, siempre lo culmino.
Solo sé una cosa, empecé esto y ahora seré el mejor. Empecé esto y con toda seguridad no habrá quien me detenga mientras esa no sea mi decisión. Tozudez me sobra y para llegar a buenos puertos, no todos los mares serán calmos.
Espero pues que no me olviden, aun cuando solo tenga tiempo de pasar por mi propio espacio y en ocasiones más separadas. Espero tenerlos cerca, porque para mí ser Blogger no es solo escribir las tonterías inmediatas que se nos vienen a la cabeza, dibujando serpientes emplumadas y pajaritos ilusorios. Ser Blogger para mí, ha sido encontrar las personas más maravillosas que piensan sueñan y sienten del otro lado de la pantalla… y espero que ellos sientan lo mismo por mí.
Ahora me voy, a mi entrevero de papeles y lápices costosos, con miedo de que ahora mi blog se vuelva una bitácora loca, donde un día comience con la frase: “Querido Diario…”
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8:54
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martes, 28 de julio de 2009
Sobre una buena elección... mi propia eleccion
Los aromas son y serán algo cautivador. Muchas veces recuerdo un aroma con mayor facilidad que un evento y de hecho mi galería de recuerdos interna está catalogado en aroma de comida, de personas, de lugares, de los árboles en mi infancia… He de confesar que en lo único en lo que mi frágil economía se estira para derrochar es en perfumes.
Aquella noche había resultado algo diferente de lo que pensé, nuestro convenio de encuentro era para compartir dos soledades, simplemente eso. No había nada que nos uniera ni teníamos cosas en común que nos significara algún contacto. Como diría una buena amiga “nunca se debe convertir en persona al amiguito especial”… pero la figura de amiguito especial que yo estaba jugando definitivamente iba en contra de la carga emocional que tenía la noche. Era como el dulce placer de un cuento que sabes que va a terminar en algún momento, pero que se debe disfrutar mientras dura y así fue, lo disfruté con una ansiedad infantil porque las atenciones que me colmaron no son algo cotidiano en la lejana galaxia que habito; las personas que te muestran algo de cariño son pocas y como tales son invaluables.
El olor del humo del cigarrillo de nuevos amigos a los que fui presentado como otro amigo no me molestó por primera vez en mi vida. Frente a ellos la situación no cambió: miradas atentas, sonrisas repentinas, roces “involuntario” comenzaron a sentar una trama diferente en el fondo que yo personificaba.
El olor de la noche llegaba a través de una ventana a la que le faltaba un vidrio. Es un olor a frío… a misterio dirían otros, pero cada noche tiene un olor en particular. Esa noche me olía a goce, pero no ese goce particular que se puede resumir en sexo. Esa noche me olía a goce racional, intelectual y sensorial, esa noche me sentí complacido en todos los aspectos en los que se pueda usar esa palabra… pero como todas las cosas lindas, esa noche terminó.
Me levanté silencioso y le miré dormir. Siempre hay algo de paz al momento de mirar quien duerme profundamente. Tomé un bolígrafo y un papel y escribí una nota, robando alguna frase de una vieja canción… “Dormir con alguien es lindo en ocasiones… dormir contigo fue el camino mas directo al paraíso”
Luego comenzaron a llegar miles de pensamientos por mi cabeza, entre ellos los motivos que me habían llevado hasta su cama, las palabras que se habían convertido en ley desde mucho antes que nos conociéramos y el convenio definitivo de que no pasaría nada más que una buena noche… una excelente noche.
Tomé el papel de la nota y lo guardé doblado en el bolsillo de mi pantalón. Hay ocasiones en que los amigos eventuales no pueden pretender convertirse en persona. Le desperté para despedirme y con un simple adiós bajé las gradas y me encontré en la calle. El cielo amenazador de un domingo lluvioso y su respectivo olor me acompañaron hasta la parada del autobús. Horas mas tarde, solo en mi casa, mirando llover a través de la ventana, pensé en lo mucho que me hubiese gustado que fuera la persona que he estado buscando… aunque sabía que no lo era.
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18:58
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sábado, 25 de julio de 2009
Sobre mentiras.... y mas mentiras.
Si esa mano anónima obró de buena fe ya lo decidirá el diablo.
El hecho fue que a mi buzón llegaron dos correos; uno con la contraseña del buzón él, de mi nueva ilusión, el otro con una conversación del facebook donde intercambiaba mensajes con un apuesto chico, en las mismas fechas en las que se ha visto conmigo.
Una ira irrefrenable me invadió, una oleada de rabia y desazón puestas toda en el mismo contenedor, incapaz de mantenerla dentro… demasiada desilusión para mi pobre humanidad.
Entonces armé las palabras con retorica implacable, demostrando mi enojo, tirando a su cara el veneno que me corroía las entrañas, pero entonces, una certeza me apuñalo el costado: él y yo no somos nada.
Nos hemos acostado, hemos salido, hemos reído y hablado del amor y otros demonios, pero la verdad es que no somos nada… no puedo yo culparle por auto-sembrar en mí ilusiones.
Entonces… ¿Quién putas me puede definir a que tenemos derecho los “amigos con derechos”? ¡Joder! Eso es una mierda, sobre todo para los idiotas como yo que no distinguimos los linderos del corazón con los de la cama. ¿Ahora qué debo hacer? ¿Pretender que nada ocurrió y seguir calentándole la cama cuando las hormonas lo pidan o inflamarme de rabia como un pavo y mandar todo al carajo?
¡¡¡Ahhhh pero es que yo no aprendo y bien merecido lo tengo!!!! ¿Acaso fue el primero? ¡No! Estas especies abundan entre las autóctonas de mi romancero personal. Mentiras, mentiras y más mentiras… y encima me aterro por una mentira más, por un mentiroso más.
No voy a decir que al diablo el amor… para qué coño mentirme, si podría poner mi vida en manos del primero que me diga palabras bonitas… pero, ¡al diablo él! Al diablo con sus patrañas y sus cuentos enredados; al rincón de los recuerdos no gratos y ¡Ala! A empezar de nuevo… ¡A la caza de nuevas mentiras!
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21:36
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