viernes, 28 de septiembre de 2007
Little Miss Sunshine - Teaser
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lunes, 24 de septiembre de 2007
Recuerdos de una noche
“¡Si! ¡¡¡Sigan damas y caballeros, niños y niñas!!! Este es el circo, aquí es donde la diversión comienza... aquí es donde la magia nace”.
Esa era mi función. Ese era mi único acto. Esa era mi labor eterna, detrás de mi gran nariz roja y mis calzones enormes de puntos rojos.
El hombre más fuerte del mundo era mi mejor amigo. Fue el quien me enseñó los trucos para hacer del maquillaje un camuflaje fenomenal; también él, alguna vez, tuvo que utilizarlo y también él, alguna vez, quiso existir más allá de esa máscara. Un día él aprendió a usar sus grandes músculos y a hacer gala de ellos. Dobló sillas, mesas, barrotes, dobló todo lo que encontró posible y dobló algunas cosas imposibles de doblar, hasta el punto en el cual los mismos elefantes no salían de su asombro. Entonces el dueño del circo comprendió que a falta de un talento para la risa, este hombre poseía el talento para asombrar los límites humanos. -Todos tenemos un talento- pensé al escuchar la historia de los propios labios del hombre más fuerte del mundo - pero el talento lo ocultamos tras una mascara y pretendemos ser un simple payaso cuando podemos llegar a ser el hombre más fuerte del mundo-
Esa noche, cuando la función terminó, me senté con mis pantalones gigantes a mirar las estrellas. Una baraja completa de payasitos enanos desfilaba frente a mis ojos, guiados por un enano más anciano que llevaba una antorcha en su mano… iban con trajes coloridos, caminando con paso militar sin moverse un solo centímetro de la línea imaginaria que el anciano
trazaba. Uno a uno, sin prisa, entraron en silencio a su pequeña carpa. No habían dejado la sincronía de su paso ni un solo instante. - Ellos, al igual que las estrellas, desempeñarían su papel mientras la función dure – pensé mirando las estrellas de nuevo- pero al igual que las estrellas, solamente su disciplina era lo que los hacia grandes, aun cuando nadie las mira las estrellas siguen alumbrando. Aun cuando nadie los mira, los enanitos son un invencible ejército al mando de un gran general-.
Me quité los zapatotes y mis pies lucieron rojos bajo la inclemencia de todo un día de pie. La uña que me había golpeado el día anterior se mostraba casi negra y tuve la certeza de que se caería. Pensé lo injustos que habían sido todos conmigo; nadie me había ayudado a pregonar entre la gente que esperaba el inicio del espectáculo. Los ruidos de un llanto me llevaron a mirar dentro de la carpa. Ahí estaba esa niña que todos decían que era la mejor en el trapecio. Estaba ensayando una y otra vez aquella parte en la que había cometido el error frente al público. Seguía llorando; la escuche llorar luego de la presentación, la escuché llorar antes de despedir la función de esa noche (luciendo una maravillosa sonrisa) y la escuchaba ahora, mientras ensayaba. También ella estaba cansada; también ella debía tener sus manos rojas y alguna uña casi negra a punto de caerse, pero no dejaba de ensayar su acto. –La niña será la mejor en el acto por siempre, no porque nunca llegan a ella los errores, sino porque sus manos desafían el cansancio para lograr superarlos – pensé mientras ocultaba de nuevo mis pies en los zapatotes – las lágrimas no son más que la expresión de su inconformismo y en la medida de que haya un deseo de cambio, este deseo siempre evolucionará en algo mejor-
Caminé de nuevo, me alejé un poco, recordé mi sueño inicial de caminar en la cuerda floja, esa era mi ilusión inicial cuando llegue con mi pequeña maleta para quedarme para siempre, pero mis posibilidades eran nulas, Marius era el mejor que había visto en mi vida y en ninguna medida yo podría superarlo. Recordé el primer día que vi a Marius, era tan fuerte y tan decidido que me disminuí inmediatamente, opte por elegir el maquillaje para ocultar mi rostro, los grandes calzones para ocultar mi cuerpo y una sonrisa eterna para ocultar mi corazón.
En ese momento estaba junto a la jaula de un león viejo y solitario. Estaba despierto, mirándome con una lastima ajena que me llevó a pensar por un momento en acercarme. Pero, ¿acaso no era yo quien debería sentir lastima por verle en su jaula? Él, que era rey en la selva, se había limitado a posar para los niños engreídos y las señoritas gritonas que aplaudían felices al ver un viejo león humillado, saltando en aros de fuego para su entretenimiento. Quise acercarme y acariciarlo, pero entonces recordé que él era el león, un rey destronado pero rey al fin, cuya serenidad obligada podía de repente cambiar de ángulo y dejarme sin mano. – Quizás él me esta mirando con mis propios ojos – pensé alejándome de la jaula del león – quizás él siente lástima de ver mi propia jaula y se pregunta por qué no logro huir de ella, si tengo todas las posibilidades de ser rey, un rey pequeñito, pero rey al fin-
Esa noche terminó.
Luego, muchas noches después, antes de la función, escribí las cosas más importantes que había aprendido bajo la enorme carpa:
“Oculté bajo la mascara y los calzones de un payaso el cuerpo del hombre más fuerte del mundo pero nunca dejé de pensar como tal, fue así como comprendí mi capacidad de doblar cualquier cosa que se pusiera en mi camino, incluyendo mi camino en si mismo. Dominé ese cuerpo, le exigí a ese cuerpo, discipliné mi cuerpo, porque necesitaba que tomara
una forma acorde a lo que era la mente, y para eso me enlisté en mi propio ejercito personal, del cual aprendí a ser General y Soldado, sin salirme ni un solo instante de la línea imaginaria que había trazado mi enanito guía. Lloré por los errores, pero nunca dejé de ensayar una y otra y otra vez, porque esa es la única manera que se construye la perfección, porque esa era la enseñanza que había recibido de la mejor trapecista del circo, por esos días en que estaba buscando mi destino, en que estaba intentado dejar atrás la jaula imaginaria que había construido y sentirme vivo, fuerte… saberme rey”.
Guardé el papel en mi morral y me apresuré a salir. Ya el maestro de ceremonias estaba anunciando por primera vez el acto doble en la cuerda floja y al otro lado del escenario Marius, mi colega, estaba esperando la señal para robarnos el corazón del público. Marius nunca había sido el rival que yo debía superar; ese rival era yo mismo…. Al final todo valió la pena.
Esa era mi función. Ese era mi único acto. Esa era mi labor eterna, detrás de mi gran nariz roja y mis calzones enormes de puntos rojos.
El hombre más fuerte del mundo era mi mejor amigo. Fue el quien me enseñó los trucos para hacer del maquillaje un camuflaje fenomenal; también él, alguna vez, tuvo que utilizarlo y también él, alguna vez, quiso existir más allá de esa máscara. Un día él aprendió a usar sus grandes músculos y a hacer gala de ellos. Dobló sillas, mesas, barrotes, dobló todo lo que encontró posible y dobló algunas cosas imposibles de doblar, hasta el punto en el cual los mismos elefantes no salían de su asombro. Entonces el dueño del circo comprendió que a falta de un talento para la risa, este hombre poseía el talento para asombrar los límites humanos. -Todos tenemos un talento- pensé al escuchar la historia de los propios labios del hombre más fuerte del mundo - pero el talento lo ocultamos tras una mascara y pretendemos ser un simple payaso cuando podemos llegar a ser el hombre más fuerte del mundo-
Esa noche, cuando la función terminó, me senté con mis pantalones gigantes a mirar las estrellas. Una baraja completa de payasitos enanos desfilaba frente a mis ojos, guiados por un enano más anciano que llevaba una antorcha en su mano… iban con trajes coloridos, caminando con paso militar sin moverse un solo centímetro de la línea imaginaria que el anciano
trazaba. Uno a uno, sin prisa, entraron en silencio a su pequeña carpa. No habían dejado la sincronía de su paso ni un solo instante. - Ellos, al igual que las estrellas, desempeñarían su papel mientras la función dure – pensé mirando las estrellas de nuevo- pero al igual que las estrellas, solamente su disciplina era lo que los hacia grandes, aun cuando nadie las mira las estrellas siguen alumbrando. Aun cuando nadie los mira, los enanitos son un invencible ejército al mando de un gran general-.Me quité los zapatotes y mis pies lucieron rojos bajo la inclemencia de todo un día de pie. La uña que me había golpeado el día anterior se mostraba casi negra y tuve la certeza de que se caería. Pensé lo injustos que habían sido todos conmigo; nadie me había ayudado a pregonar entre la gente que esperaba el inicio del espectáculo. Los ruidos de un llanto me llevaron a mirar dentro de la carpa. Ahí estaba esa niña que todos decían que era la mejor en el trapecio. Estaba ensayando una y otra vez aquella parte en la que había cometido el error frente al público. Seguía llorando; la escuche llorar luego de la presentación, la escuché llorar antes de despedir la función de esa noche (luciendo una maravillosa sonrisa) y la escuchaba ahora, mientras ensayaba. También ella estaba cansada; también ella debía tener sus manos rojas y alguna uña casi negra a punto de caerse, pero no dejaba de ensayar su acto. –La niña será la mejor en el acto por siempre, no porque nunca llegan a ella los errores, sino porque sus manos desafían el cansancio para lograr superarlos – pensé mientras ocultaba de nuevo mis pies en los zapatotes – las lágrimas no son más que la expresión de su inconformismo y en la medida de que haya un deseo de cambio, este deseo siempre evolucionará en algo mejor-
Caminé de nuevo, me alejé un poco, recordé mi sueño inicial de caminar en la cuerda floja, esa era mi ilusión inicial cuando llegue con mi pequeña maleta para quedarme para siempre, pero mis posibilidades eran nulas, Marius era el mejor que había visto en mi vida y en ninguna medida yo podría superarlo. Recordé el primer día que vi a Marius, era tan fuerte y tan decidido que me disminuí inmediatamente, opte por elegir el maquillaje para ocultar mi rostro, los grandes calzones para ocultar mi cuerpo y una sonrisa eterna para ocultar mi corazón.En ese momento estaba junto a la jaula de un león viejo y solitario. Estaba despierto, mirándome con una lastima ajena que me llevó a pensar por un momento en acercarme. Pero, ¿acaso no era yo quien debería sentir lastima por verle en su jaula? Él, que era rey en la selva, se había limitado a posar para los niños engreídos y las señoritas gritonas que aplaudían felices al ver un viejo león humillado, saltando en aros de fuego para su entretenimiento. Quise acercarme y acariciarlo, pero entonces recordé que él era el león, un rey destronado pero rey al fin, cuya serenidad obligada podía de repente cambiar de ángulo y dejarme sin mano. – Quizás él me esta mirando con mis propios ojos – pensé alejándome de la jaula del león – quizás él siente lástima de ver mi propia jaula y se pregunta por qué no logro huir de ella, si tengo todas las posibilidades de ser rey, un rey pequeñito, pero rey al fin-
Esa noche terminó.
Luego, muchas noches después, antes de la función, escribí las cosas más importantes que había aprendido bajo la enorme carpa:
“Oculté bajo la mascara y los calzones de un payaso el cuerpo del hombre más fuerte del mundo pero nunca dejé de pensar como tal, fue así como comprendí mi capacidad de doblar cualquier cosa que se pusiera en mi camino, incluyendo mi camino en si mismo. Dominé ese cuerpo, le exigí a ese cuerpo, discipliné mi cuerpo, porque necesitaba que tomara
una forma acorde a lo que era la mente, y para eso me enlisté en mi propio ejercito personal, del cual aprendí a ser General y Soldado, sin salirme ni un solo instante de la línea imaginaria que había trazado mi enanito guía. Lloré por los errores, pero nunca dejé de ensayar una y otra y otra vez, porque esa es la única manera que se construye la perfección, porque esa era la enseñanza que había recibido de la mejor trapecista del circo, por esos días en que estaba buscando mi destino, en que estaba intentado dejar atrás la jaula imaginaria que había construido y sentirme vivo, fuerte… saberme rey”.Guardé el papel en mi morral y me apresuré a salir. Ya el maestro de ceremonias estaba anunciando por primera vez el acto doble en la cuerda floja y al otro lado del escenario Marius, mi colega, estaba esperando la señal para robarnos el corazón del público. Marius nunca había sido el rival que yo debía superar; ese rival era yo mismo…. Al final todo valió la pena.
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sábado, 22 de septiembre de 2007
Genialidades (1)
En mi anterior post pocos vinieron por esta galaxia… a veces siento que la gran mayoría de los que me escriben son los únicos amigos que tengo, así que, es como ir a la casa de mis amigos con el balón bajo el brazo, pero la Mamá no los dejó salir a jugar… pero bueno… a la labor de nuevo. Siempre he estado seguro de mi genialidad, aun cuando no se en que se basa la misma. Escribo, canto, dibujo, invento, declamo, compongo, actúo… pero todo se queda en la oscuridad de la noche porque mi genialidad es una genialidad temerosa de la opinión ajena… hay genios que no temen, y se lanzan… y hacen cosas como esta, que tome prestada de la pagina de autoliniers (la cual está genial y me ha robado horas de trabajo para fisgonearla como debe ser a pedazos)… aquí está la primera de varias entregas que haré… sobre un genio.

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jueves, 20 de septiembre de 2007
Sobre héroes personales
Por esta época Colombia esta en periodo de elecciones. Época donde los políticos se vuelven buenos, las ciudades se vuelven chicas y las calles se ven cubiertas por todo tipo de publicidad que pasado un tiempo hará parte de la indumentaria de los indigentes.
Pero lo políticos ya no tienen ideales. Ya no sienten el partido. Ya no viven al pueblo.
Los políticos actuales no son mas que prostitutas esperando que el pueblo venga, las emborrache y les pague por ello (ofreciendo todas mis disculpas a las prostitutas, quienes poseen más dignidad y convicciones)… entonces es donde les vengo a contar sobre uno de mis personajes favoritos. Un político.
"Hay que procurar que los ricos sean menos ricos y los pobres sean menos pobres."
Colombia caminaba por el final de los años cuarenta y la lucha de dos partidos por el poder nacional. El presidente Ospina Pérez quería mantener la bola en su terreno de juego; Jorge Eliécer Gaitán la iba a reclamar para la oposición.
Gaitán, ese era un verdadero político, no sé si sería un ladrón o si tendría líneas oscuras que su biografía no nos ha enseñado, pero yo admiro al hombre, al fulano que se levantaba en la gélida Bogotá a las cuatro de la mañana para darse un baño con agua fría y continuar así una jornada de horas interminables.
Supo entender a la muchedumbre, supo hablar el lenguaje de los ladrones, de las amas de casa, de los perdularios, de los que no tenían donde pasar la noche, de los que vivían de la misma noche; supo explicar lo que se sentía despertar en una ciudad que sentías ajena, que sentías extraña, que no te quería. Ese hombre es al que admiro, porque si bien cenaba en buenos restaurantes y vestía trajes finos, no era raro verlo compartir almuerzo en un restaurante de esos donde el mantel es de cuadritos y el menú se limita a un único plato elegido sabiamente por la cocinera.
“Un principio que debería ser la base fundamental de las auténticas democracias: el que no trabaja no come, que es opuesto a la simulación de la democracia en donde el que menos trabaja es el que más come."
Pero hay un punto donde me quedó prendado… el orador más allá del político. Gaitán tenían un verbo convincente y aterrador. Saboreaba las palabras, las empezaba con una tranquilidad pasmosa que poco a poco se iba desgranando en ademanes sinceros y convencidos, diluyendo las frases, entregándolas con fuerza que en una medida imposible de medir se volvía incontenible. Entonces las palabras ya no eran palabras, eran gritos desgarradores que el pueblo escuchaba con nudos en la garganta y con lágrimas en los ojos y que estallaba en vivas y aplausos cuando el les entregaba su histórico grito -"¡A LA CARGA!"-
Aun así, no fue en la congestión de banderas y vivas y gritos y aplausos donde se conoció su verdadero poder. El 7 de febrero de 1948 Gaitán realizó un desfile de duelo por las incontables víctimas de la violencia oficial en el país. Vestidos de luto, con riguroso negro aun en las rojas banderas que simbolizaban el partido, más de sesenta mil colombianos se volcaron a las calles, llegaron a cumplir con el mandato de su “jefe”. No dijeron una sola palabra, no dieron un solo grito, no hubo una sola arenga. Estaban de duelo porqué el caudillo del pueblo así lo había decidido… por él, darían hasta la vida.
“Señor Presidente: Aquí están presentes todos los hombres que han desfilado y demuestran una fuerza y un poderío no igualados y sin embargo, no hay un solo grito. Aquí hay una contradicción a las leyes de la psicología popular. Un pueblo que es capaz de contrariar las leyes de la psicología colectiva es un pueblo que os demuestra que tiene un espíritu de disciplina capaz de superar todos los obstáculos. Ningún partido en el mundo ha dado una demostración como ésta. Y esto obliga a los hombres universitarios a escucharla y oírla. Somos la mejor fuerza de paz en Colombia. Somos los sustentáculos de la paz en Colombia, y mientras en las veredas y en los municipios fuerzas minoritarias se lanzan al ataque, aquí están las grandes mayorías obedeciendo una consigna. Pero estas masas que así se reprimen también obedecerían la voz de mando que les dijera: Ejerced la legítima defensa”.
Gaitán fue asesinado el 9 de abril de 1948. Bajo hechos que se refugian en la penumbra de la historia el crimen nunca tuvo un perpetrador exacto. El único sospechoso fue despedazado por la marejada de hijos que se habían quedado huérfanos, habían perdido lo más grande que un hombre puede anhelar, habían perdido una razón para creer en un futuro. Despedazaron al sospechoso que quedo tirado en la plaza con su zapato izquierdo, la ropa interior a jirones y dos corbatas en el cuello. Despedazaron el tranvía que murió con Gaitán. Despedazaron a Bogotá y no sintieron pena por ello, porque querían despedazar al país, a ese país donde los sueños morían mucho antes de tomar forma.
"Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí y la oligarquía no me mata, porque sabe que si lo hace el país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en regresar a su nivel normal."
Hoy les vine a contar de uno de mis héroes, al único que veo día tras día en los billetes de mil pesos (la imagen que puse equivale el precio de una coca-cola) y al que la historia colombiana no ha logrado reemplazar, pensaría yo que nunca logrará siquiera igualar.
“Yo no soy un hombre, soy un pueblo… el pueblo es superior a sus dirigentes”
Por eso, para hablar Gaitán, prefiero abrir la memoria y quitarme el sombrero.
Pero lo políticos ya no tienen ideales. Ya no sienten el partido. Ya no viven al pueblo.
Los políticos actuales no son mas que prostitutas esperando que el pueblo venga, las emborrache y les pague por ello (ofreciendo todas mis disculpas a las prostitutas, quienes poseen más dignidad y convicciones)… entonces es donde les vengo a contar sobre uno de mis personajes favoritos. Un político.
"Hay que procurar que los ricos sean menos ricos y los pobres sean menos pobres."
Colombia caminaba por el final de los años cuarenta y la lucha de dos partidos por el poder nacional. El presidente Ospina Pérez quería mantener la bola en su terreno de juego; Jorge Eliécer Gaitán la iba a reclamar para la oposición.
Gaitán, ese era un verdadero político, no sé si sería un ladrón o si tendría líneas oscuras que su biografía no nos ha enseñado, pero yo admiro al hombre, al fulano que se levantaba en la gélida Bogotá a las cuatro de la mañana para darse un baño con agua fría y continuar así una jornada de horas interminables.
Supo entender a la muchedumbre, supo hablar el lenguaje de los ladrones, de las amas de casa, de los perdularios, de los que no tenían donde pasar la noche, de los que vivían de la misma noche; supo explicar lo que se sentía despertar en una ciudad que sentías ajena, que sentías extraña, que no te quería. Ese hombre es al que admiro, porque si bien cenaba en buenos restaurantes y vestía trajes finos, no era raro verlo compartir almuerzo en un restaurante de esos donde el mantel es de cuadritos y el menú se limita a un único plato elegido sabiamente por la cocinera.
“Un principio que debería ser la base fundamental de las auténticas democracias: el que no trabaja no come, que es opuesto a la simulación de la democracia en donde el que menos trabaja es el que más come."
Pero hay un punto donde me quedó prendado… el orador más allá del político. Gaitán tenían un verbo convincente y aterrador. Saboreaba las palabras, las empezaba con una tranquilidad pasmosa que poco a poco se iba desgranando en ademanes sinceros y convencidos, diluyendo las frases, entregándolas con fuerza que en una medida imposible de medir se volvía incontenible. Entonces las palabras ya no eran palabras, eran gritos desgarradores que el pueblo escuchaba con nudos en la garganta y con lágrimas en los ojos y que estallaba en vivas y aplausos cuando el les entregaba su histórico grito -"¡A LA CARGA!"-
Aun así, no fue en la congestión de banderas y vivas y gritos y aplausos donde se conoció su verdadero poder. El 7 de febrero de 1948 Gaitán realizó un desfile de duelo por las incontables víctimas de la violencia oficial en el país. Vestidos de luto, con riguroso negro aun en las rojas banderas que simbolizaban el partido, más de sesenta mil colombianos se volcaron a las calles, llegaron a cumplir con el mandato de su “jefe”. No dijeron una sola palabra, no dieron un solo grito, no hubo una sola arenga. Estaban de duelo porqué el caudillo del pueblo así lo había decidido… por él, darían hasta la vida.
“Señor Presidente: Aquí están presentes todos los hombres que han desfilado y demuestran una fuerza y un poderío no igualados y sin embargo, no hay un solo grito. Aquí hay una contradicción a las leyes de la psicología popular. Un pueblo que es capaz de contrariar las leyes de la psicología colectiva es un pueblo que os demuestra que tiene un espíritu de disciplina capaz de superar todos los obstáculos. Ningún partido en el mundo ha dado una demostración como ésta. Y esto obliga a los hombres universitarios a escucharla y oírla. Somos la mejor fuerza de paz en Colombia. Somos los sustentáculos de la paz en Colombia, y mientras en las veredas y en los municipios fuerzas minoritarias se lanzan al ataque, aquí están las grandes mayorías obedeciendo una consigna. Pero estas masas que así se reprimen también obedecerían la voz de mando que les dijera: Ejerced la legítima defensa”.
Gaitán fue asesinado el 9 de abril de 1948. Bajo hechos que se refugian en la penumbra de la historia el crimen nunca tuvo un perpetrador exacto. El único sospechoso fue despedazado por la marejada de hijos que se habían quedado huérfanos, habían perdido lo más grande que un hombre puede anhelar, habían perdido una razón para creer en un futuro. Despedazaron al sospechoso que quedo tirado en la plaza con su zapato izquierdo, la ropa interior a jirones y dos corbatas en el cuello. Despedazaron el tranvía que murió con Gaitán. Despedazaron a Bogotá y no sintieron pena por ello, porque querían despedazar al país, a ese país donde los sueños morían mucho antes de tomar forma.
"Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí y la oligarquía no me mata, porque sabe que si lo hace el país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en regresar a su nivel normal."
Hoy les vine a contar de uno de mis héroes, al único que veo día tras día en los billetes de mil pesos (la imagen que puse equivale el precio de una coca-cola) y al que la historia colombiana no ha logrado reemplazar, pensaría yo que nunca logrará siquiera igualar.
“Yo no soy un hombre, soy un pueblo… el pueblo es superior a sus dirigentes”
Por eso, para hablar Gaitán, prefiero abrir la memoria y quitarme el sombrero.
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lunes, 17 de septiembre de 2007
milenarias amigas
Los griegos antiguos se sentían privilegiados por la visita de tan venerables damas. Eran bienvenidas, recibidas, amadas… yo ya no se que hacer con semejantes vejestorios que siglos después llegan a darme vueltas y vueltas, poniendo temas en mi cabeza por montones y sin orden alguno.
Nueve musas, nueve vetustas que ya no brillan como antes y que sufren de los problemas seniles que ofrecen miles de año guiando el inventivo humano.
He conocido algunas, noctámbulas todas ellas si tenemos en cuenta que han llegado siempre cuando el reloj pasó de largo las doce de la noche. Erato fue la primera. Tomando como referencia que nací hace casi veinticinco años pero con un alma más vieja que la historia de cualquier pueblo, conocí a Sor Juana Inés de la Cruz a los 6 años y esta digna señora le abrió las puertas a la musa de la poesía. Una poesía grande que mi léxico de infante no sabía construir. Era una poesía sin cimientos y con mala ortografía que se construía en la última hoja de mis cuadernos. El horror de mi madre. Las largas meditaciones y los versos mal logrados eran desvanecidos por el borrador sacrílego que usaba Mamá para “limpiar” las manchas de lápiz y la promesa que no lo volvería a hacer, pero nunca pude cumplir esa promesa y comencé a escribir en las hojas en blanco que tenían al final los libros de la biblioteca que nadie leía. Esos aun se conservan, la fea letra aun me grita que desde esa época un corazón oscuro necesitaba conocer el amor, en manifestaciones distintas a las actuales, pero con toda la disposición necesaria.
Melpómene y Terpsícore trajeron la actuación y la danza por la época en que mis kilos de más y mi temperamento explosivo marcaban con severidad mis 16 años. Las únicas diurnas de todas, lograron modificar no solo mi cuerpo, llegaron a enseñarme cuanto puedo alcanzar con constancia y disciplina; fueron las más severas de todas, fueron las estrictas, pero igualmente fueron quienes entregaron resultados inmediatos y sinceros, no prometieron de más, no ofrecieron nada que no pudieran dar.
Euterpe es quien suele llegar ahora. Antes llegaba en compañía de su hermana poetisa, pero ahora viene en representación de las dos, sola, nocturna, algo oscura e igual de antigua que yo; a veces parece una amante despechada que lanza un grito de angustia cuando todo acaba, a veces es una amante ilusionada por los besos que están por llegar. Euterpe llegó de la mano de José Alfredo Jiménez, de Joaquín Sabina, de Chavela Vargas, de Manzanero… Euterpe puso en la pared de mi habitación un letrero grande e inmodificable “quiero hacer lo que ellos hacen”, “quiero llegar donde ellos llegaron”. Resaltó en mi conciencia mis limitaciones, definió a la perfección mis linderos para no aspirar a la fama, pero si desear con toda el alma la gloria; me explicó la diferencia entre popularidad y Grandeza, así, con mayúscula.
No se si los siglos hicieron que Euterpe llegara sin fuerza a mis noches. No se si los deseos que ella ha sembrado en mi alma germinarán en realidades. No se nada, porque Euterpe y yo somos simplemente soñadores deleitados por la belleza y amantes de las cosas simples.
Ahora Euterpe se ha empeñado en acompañarme inoportunamente en los autobuses, cuando la letra queda chueca y la gente te mira extrañada. ¿Qué puede ser tan importante para no escribirlo cuando llegue? Pensará la gordita de vestido a rayas sentada a un lado mío; pero Euterpe no es paciente, ella llega y entra sin tocar, ella se sienta a mi lado y dicta y les juro que yo no puedo más que escribir, nada más que escribir.
Hay un nuevo tachón en el diario que lleva mi vida
Un error que utiliza tu nombre y que viste tu piel
Un error tan inmenso de aquellos que nunca se olvidan
Y para relatarlos completos hace falta papel
Tu llegaste fría y traicionera cual dolor de muelas
Igualito que aquellos, también me dolió la extracción
Y curar la hinchazón en el alma fue todo un fracaso
Como todo lo que representa borrar mi pasión
Y ese gen del fracaso lo tengo entre el hueso y el cuero
Y tú en cambio supuras talento para la actuación
El error no fue haberte dejado meter en mi cama
El error simple y llano fue haberte dado el corazón
No mereces todas las palabras que tú me inspirabas
Porque solo veía el espejismo que quise pintarme
Pero luego inspiraban tan solo temor esos besos
Con esa sensación de que un día podrían matarme
Y si no me arrepiento esta claro, solo es por orgullo
Porque digno solo es el que aprende de cualquier error
Y como aquel que aprende la historia jamás la repite
Ya tu barco, en los mares de mi alma, no encontrará amor
Me despido, feliz de la vida, porque no haces falta
Porque hasta regalarte un buen rato no tiene valor
Y el error no fue haberte dejado meter en mi cama
El error simple y llano fue haberte dado el corazón
Nueve musas, nueve vetustas que ya no brillan como antes y que sufren de los problemas seniles que ofrecen miles de año guiando el inventivo humano.
He conocido algunas, noctámbulas todas ellas si tenemos en cuenta que han llegado siempre cuando el reloj pasó de largo las doce de la noche. Erato fue la primera. Tomando como referencia que nací hace casi veinticinco años pero con un alma más vieja que la historia de cualquier pueblo, conocí a Sor Juana Inés de la Cruz a los 6 años y esta digna señora le abrió las puertas a la musa de la poesía. Una poesía grande que mi léxico de infante no sabía construir. Era una poesía sin cimientos y con mala ortografía que se construía en la última hoja de mis cuadernos. El horror de mi madre. Las largas meditaciones y los versos mal logrados eran desvanecidos por el borrador sacrílego que usaba Mamá para “limpiar” las manchas de lápiz y la promesa que no lo volvería a hacer, pero nunca pude cumplir esa promesa y comencé a escribir en las hojas en blanco que tenían al final los libros de la biblioteca que nadie leía. Esos aun se conservan, la fea letra aun me grita que desde esa época un corazón oscuro necesitaba conocer el amor, en manifestaciones distintas a las actuales, pero con toda la disposición necesaria.
Melpómene y Terpsícore trajeron la actuación y la danza por la época en que mis kilos de más y mi temperamento explosivo marcaban con severidad mis 16 años. Las únicas diurnas de todas, lograron modificar no solo mi cuerpo, llegaron a enseñarme cuanto puedo alcanzar con constancia y disciplina; fueron las más severas de todas, fueron las estrictas, pero igualmente fueron quienes entregaron resultados inmediatos y sinceros, no prometieron de más, no ofrecieron nada que no pudieran dar.
Euterpe es quien suele llegar ahora. Antes llegaba en compañía de su hermana poetisa, pero ahora viene en representación de las dos, sola, nocturna, algo oscura e igual de antigua que yo; a veces parece una amante despechada que lanza un grito de angustia cuando todo acaba, a veces es una amante ilusionada por los besos que están por llegar. Euterpe llegó de la mano de José Alfredo Jiménez, de Joaquín Sabina, de Chavela Vargas, de Manzanero… Euterpe puso en la pared de mi habitación un letrero grande e inmodificable “quiero hacer lo que ellos hacen”, “quiero llegar donde ellos llegaron”. Resaltó en mi conciencia mis limitaciones, definió a la perfección mis linderos para no aspirar a la fama, pero si desear con toda el alma la gloria; me explicó la diferencia entre popularidad y Grandeza, así, con mayúscula.
No se si los siglos hicieron que Euterpe llegara sin fuerza a mis noches. No se si los deseos que ella ha sembrado en mi alma germinarán en realidades. No se nada, porque Euterpe y yo somos simplemente soñadores deleitados por la belleza y amantes de las cosas simples.
Ahora Euterpe se ha empeñado en acompañarme inoportunamente en los autobuses, cuando la letra queda chueca y la gente te mira extrañada. ¿Qué puede ser tan importante para no escribirlo cuando llegue? Pensará la gordita de vestido a rayas sentada a un lado mío; pero Euterpe no es paciente, ella llega y entra sin tocar, ella se sienta a mi lado y dicta y les juro que yo no puedo más que escribir, nada más que escribir.
Hay un nuevo tachón en el diario que lleva mi vida
Un error que utiliza tu nombre y que viste tu piel
Un error tan inmenso de aquellos que nunca se olvidan
Y para relatarlos completos hace falta papel
Tu llegaste fría y traicionera cual dolor de muelas
Igualito que aquellos, también me dolió la extracción
Y curar la hinchazón en el alma fue todo un fracaso
Como todo lo que representa borrar mi pasión
Y ese gen del fracaso lo tengo entre el hueso y el cuero
Y tú en cambio supuras talento para la actuación
El error no fue haberte dejado meter en mi cama
El error simple y llano fue haberte dado el corazón
No mereces todas las palabras que tú me inspirabas
Porque solo veía el espejismo que quise pintarme
Pero luego inspiraban tan solo temor esos besos
Con esa sensación de que un día podrían matarme
Y si no me arrepiento esta claro, solo es por orgullo
Porque digno solo es el que aprende de cualquier error
Y como aquel que aprende la historia jamás la repite
Ya tu barco, en los mares de mi alma, no encontrará amor
Me despido, feliz de la vida, porque no haces falta
Porque hasta regalarte un buen rato no tiene valor
Y el error no fue haberte dejado meter en mi cama
El error simple y llano fue haberte dado el corazón
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